AUTOSUFICIENCIA VS. HUMILDAD
Por: P. Jesús E. Osorno G. mxy
Nunca los abismos habían sido tan profundos. Ni las distancias tan abismales. Es increíble que en un mundo tan sofisticado, tecnificado y científico, haya todavía tanta postergación.
Y en un tal derroche de consumo y abundancia, se den en connivencia aberrante, hambres, desnutriciones, endemias, destrucción y muerte. Lo padecemos, lo palpamos. La liturgia nos apalabra hoy sobre esta situación en tono de denuncia y de opción. Creyentes o no creyentes.
Autosuficiencia o humildad. Confianza o desesperación. Apego o pobreza. Corazón limpio o manos corruptas. Todo en un desequilibrio o lucha desigual. Y búsqueda de transparencia y definición según el ritual del consumo o de la fe fundante. Jeremías nos propone el primer dilema: Bendición o maldición, confianza o desconfianza.
Es el principio simple de llegar a la médula de la fe: Su postura radical de confianza en Alguien, encontrar apoyo y solidez en ese Alguien, agarrarse a él, sembrarse en él en hermoso simbolismo vegetal que alienta el crecimiento y asegura la cosecha. Lucas va más allá.
Lo plantea en binomios que se conjugan entre bienaventuranzas y mal-bienaventuranzas. Y como síntesis: El pobre. Como irrupción: La inauguración del Reino: “Buena noticia” que podríamos traducir en “bienaventurados/as pobres porque Dios está cansado de verles sufrir, porque Dios ha decidido mostrarles para siempre su amor”.











