CARDENAL MAYER: NADA SE ANTEPONGA AL AMOR DE CRISTO
CIUDAD DEL VATICANO, 3 MAY 2010 (VIS).-Benedicto XVI pronunció esta mañana la homilía al final del funeral por el cardenal Paul Augustin Mayer, O.S.B., prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, fallecido el pasado 30 de abril en Roma a los 98 años.
La misa de exequias, celebrada en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro, fue presidida por el cardenal Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio y concelebrada por varios purpurados.
“La gran e indefectible esperanza, fundada en la sólida roca del amor de Dios -dijo el Papa en la homilía-, nos asegura que la vida de quienes mueren en Cristo “no termina, se transforma” y “al deshacerse nuestra morada terrenal adquirimos una mansión eterna en el cielo”. En una época como la nuestra, en la que el miedo a la muerte conduce a muchas personas a la desesperación y a la búsqueda de consuelos ilusorios, el cristiano se distingue por el hecho de que pone su seguridad en Dios, en un Amor tan grande que puede renovar el mundo entero”.
Durante toda su existencia, el cardenal Mayer, dijo el Papa, “quiso realizar lo que San Benito afirma en la Regla: “Nada se anteponga al amor de Cristo”. Benedicto XVI recordó a continuación los hitos de la vida del purpurado, empezando por su actividad como profesor en el Pontificio Ateneo de San Anselmo, del que fue rector desde 1949 hasta 1966, época en la que se fundó el Pontificio Instituto Litúrgico, “un punto de referencia fundamental para la preparación de los formadores en el campo de la liturgia”
El Santo Padre se refrió después a la competencia del cardenal que le hizo acreedor de muchos y prestigiosos encargos, como cuando el Papa Pablo VI le nombró Secretario de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares y lo consagró obispo en 1972. En los años de servicio en ese dicasterio, “promovió la actuación progresiva de las disposiciones del Concilio Vaticano II con respecto a las familias religiosas” y “en ese ámbito particular, en su calidad de religioso, demostró gran sensibilidad eclesial y humana”.
En 1984 Juan Pablo II lo nombró Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, creándolo cardenal en 1985 y designándolo poco más tarde como primer presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”. “En este encargo nuevo y delicado -dijo el Papa- el cardenal Mayer se confirmó como siervo entregado y fiel, intentando aplicar su lema: “El amor de Cristo nos recoge en la unidad”.
El Papa concluyó encomendando al difunto cardenal a la Virgen de las Gracias de Altötting (Baviera), lugar de peregrinación cercano al lugar de nacimiento del difunto.
“El roce hace el cariño”
Por Rodrigo Prieto, Doctor en Psicología Social. Barcelona, mayo 2010
El adagio que titula este artículo es la expresión popular de la creencia en que “cuando convivimos, pese a las diferencias o dificultades que podamos tener, de todos modos acabaremos queriéndonos”. Si bien esta sentencia se refiere a las relaciones familiares o de pareja, también podría aplicarse a las relaciones sociales, entre vecinos, barrios o grupos humanos que conviven en un mismo territorio.
Para facilitar esta convivencia en las ciudades, desde hace unos años algunos teóricos y políticos han recuperado el concepto de “civismo”, entendido como el valor y la práctica de todos los ciudadanos de vivir en armonía y respetándose mutuamente.
Convencidos de que la práctica de este valor es una pieza clave para construir sociedades más humanas y en paz, desde el Ámbito María Corral, con este artículo iniciamos una serie de artículos sobre civismo, que iremos publicando durante todo el año 2010 en nuestra página web, para abordar las diferentes dimensiones de este valor, tanto filosóficas como prácticas.
Como punto de partida cabe que señalar que la palabra “civismo”, proviene del latín “civis” que significa “ciudadano” o “ciudad” y que está estrechamente relacionada con los conceptos griegos “polis”, “ciudad” y “demos”, “pueblo”.
En ambos casos de la antigüedad clásica, la “ciudadanía” era entendida como el derecho a opinar y participar en los asuntos públicos, es decir, en el gobierno de las ciudades; sin embargo se trataba de un derecho reservado únicamente a los “hombres libres”, en el sentido literal del término: hombres (no mujeres) libres (no esclavos), con lo cual se reducía considerablemente el número de personas que efectivamente podían participar, ya que “(…) los demás tenían que ocuparse en labores demasiado viles para poder dedicarse a cultivar el entendimiento y discutir sobre los asuntos públicos.” (Camps, 2005, p.16).
Actualmente existen diferentes maneras de definir la “ciudadanía”, por ejemplo en función de los derechos civiles que se reconocen o bien, de los deberes que se les exigen a los habitantes de un determinado territorio. El hecho de que ambas dimensiones no siempre vayan unidas es un factor de tensión entre las diversas versiones. Sin embargo, los discursos actuales sobre civismo parten de una noción de ciudadanía que considera como ciudadanos a “todos los habitantes de la ciudad”, independientemente de su procedencia, del tiempo que lleven viviendo en la misma y de su situación legal de permanencia. Se apela por tanto a su condición de “vecinos” o de “habitantes” de un espacio común, en el cual el roce es inevitable, por tanto conviene gestionarlo.
En los artículos que iremos desarrollando a partir de ahora y en lo sucesivo, recogemos esta última definición, ya que favorece un abordaje inclusivo y no discriminador del tema, y que al mismo tiempo expresa nuestro homólogo deseo de inclusión positiva de las diferencias en la convivencia cotidiana de todas las personas.
Se sabe que la convivencia no es fácil, pues, para que pueda ser agradable, obliga a conocerse, a escuchar, a dialogar, a construir acuerdos (¡y respetarlos!), a transar, a poner límites, a aprender a gestionar los desacuerdos, entre otras muchas exigencias. Si en las relaciones familiares, filiales o de pareja, en las que las personas que conviven se tienen afecto, estas exigencias pueden suponer un enorme esfuerzo, cuánto más implicarán en las relaciones sociales, en las que muchas veces lo único que nos une es el hecho de habitar un mismo barrio o ciudad.
Sin embargo, recogiendo el trasfondo positivo o incluso optimista del adagio con que comenzamos este texto, queremos abordar esta serie de artículos desde el convencimiento en que el propio contacto cotidiano, pese a las dificultades que pueda suponer, contribuye al mutuo conocimiento, la proximidad, la tolerancia y quizá no el cariño, pero sí una aceptación pacífica y respetuosa, que reconoce la dignidad del otro como persona, y por tanto, sus derechos y deberes.
Sólo desde estos fundamentos podremos asumir el reto de aprender a convivir pacíficamente y en armonía, demostrando así que aquello de que los seres humanos somos “por esencia” sociales, no es una condena, sino una enorme riqueza que debemos y queremos aprovechar.
AMÉRICA/COLOMBIA – La Comisión de Conciliación Nacional propone una agenda para llegar a un acuerdo de Paz
Bogotá (Agencia Fides) – La Iglesia Católica de Colombia, por medio de la Comisión de Conciliación Nacional (CCN), ha propuesto a los candidatos presidenciales una agenda para un acuerdo nacional con el fin de evaluar soluciones tras 4 décadas de conflicto armado en el país.
En el contexto del Foro Internacional en la Sede de la Conferencia Episcopal, P. Dario Echeverry, misionero de los Claretianos, de la Comisión de Conciliación Nacional, dijo que la propuesta está contenida en un documento que propone el dialogo como soluciones al confronto militar en el país sudamericano. “Proponemos a los candidatos presidencial un compromiso para buscar soluciones pacíficas para el conflicto”, dijo el religioso.
También el secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia, Mons. Juan Vicente Córdoba Villota, dijo que para la Iglesia está muy claro que “la paz no se busca con la violencia, sino con el dialogo”.
A partir de la nota enviada a Agencia Fides, se lee que participaron en el Foro Internacional políticos, Obispos, el Nuncio Apostólico Mons. Aldo Cavalli, el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, miembros del cuerpo diplomático y delegados de muchas organizaciones civiles.
El conflicto armado en Colombia, que va adelante desde hace 45 años, involucra a grupos paramilitares, rebeldes y agentes del gobierno, y ha causado más de 100 mil muertos y unos 3 millones de refugiados. P. Echeverry dijo que esta agenda, definida como “Acuerdo Nacional de Pequeños Países para la Paz y la Reconciliación”, recoge el consenso de los líderes políticos y civiles de 158 comunidades en todo el país. El documento propone, entre otras cosas, una política que lleve a la negociación, el estado social de derecho, la transparencia de recursos públicos, alternativas sostenibles de producción y garantías para una vida digna. (CE) (Agencia Fides, 30/04/2010; líneas 23, palabras 304)
La Orden de los Mercedarios delimita las nuevas fronteras de esclavitud – En el capítulo general que celebra en Roma
ROMA, domingo, 2 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Del 1 al 22 de mayo se celebra en Roma el Capítulo General de los Padres Mercedarios, Orden Religiosa mendicante, en el que participan 36 padres capitulares en representación de las diferentes comunidades de todos los continentes, para delimitar las nuevas fronteras de la esclavitud y su compromiso como religiosos.
El capítulo elegirá al nuevo Gobierno General, que será el responsable de la programación de las actividades de celebración de los ochocientos años de fundación de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merded, en 2018.
Bajo el lema: ”Alegremente dispuestos a dar la Vida”, los frailes mercedarios se disponen a revisar la vida de sus comunidades religiosas, la pastoral vocacional, las presencias redentoras en cada lugar, la animación misionera; el fortalecimiento y proyección de las fraternidades laicales, respondiendo a los signos de los tiempos.
El lema, según explica un comunicado de la Orden, es “un claro grito de libertad que advierte e interpela sobre las nuevas cautividades que amenazan nuestros pueblos; y el convencimiento de que el camino de fidelidad a Cristo Redentor y a Pedro Nolasco es la entrega completa de la vida por la libertad de los hermanos”.
En el comunicado, recibido por ZENIT, los Mercedarios piden las oraciones de los católicos por los fecundos frutos de este Capítulo.
La Real, Celestial y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como Orden de la Merced, fue fundada por san Pedro Nolasco (ca. 1180-1249) para la redención de los cristianos cautivos en manos de musulmanes.
Los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás órdenes, a liberar a otros más débiles en la fe, aunque su vida peligre por ello.
En estos momentos, la Orden cuenta con unos 700 frailes en el mundo.












