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December 27, 2011 – 7:10 am | No Comment

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Iglesia Católica pide a políticos campaña transparente

Submitted by Mynor on October 1, 2009 – 6:34 pmNo Comment

Oscar Lobo Oconitrillo

Alonso Mata B. | amata@nacion.com

Publicado: 2009/09/30 | 02:03 PM – La Nacion

San José (Redacción). Los obispos de la iglesia católica exhortaron a las personas e instancias involucradas en la campaña política a efectuar una “contienda cívica transparente”.

En un documento oficial, los religiosos lanzan también una propuesta de un pacto ético electoral a la dirigencia política, como condición esencial para la sana discusión y el debate sereno y respetuoso.

Además solicitaron a las casas encuestadoras a manifestar claridad en sus métodos y resultados para que estos instrumentos no pasen a ser medios propagandísticos.

El documento entero será revelado mañana en la Conferecia Episcopal.

Soldados hondureños detienen a decenas de seguidores de Zelaya

GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS

Fuente: AFP | 30/09/2009 – TEGUCIGALPA, (AFP) – Las fuerzas de seguridad detuvieron este miércoles en Honduras a 55 seguidores del presidente derrocado Manuel Zelaya, durante un operativo en un edificio de trabajadores agrarios fuera del cual se encontraban acampando, confirmó a la AFP un portavoz de la Policía.

El portavoz de la Policía, Ernin Cerrato, dijo que fueron detenidas 55 personas, incluyendo seis mujeres. “Los van a llevar a la fiscalía para valorar si han cometido algún delito”, señaló.

Soldados y policías rodearon el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), que era usado por cientos de trabajadores agrarios como residencia temporal para participar de las protestas en la capital contra el golpe.

Las fuerzas de seguridad actuaron bajo un controvertido decreto que restringe los derechos civiles anunciado por el régimen de facto. El decreto “es ilegal absolutamente”, dijo Rafael Alegría, líder agrario que llegó a la sede del INRA poco después del operativo policial.

“El INRA es de los campesinos, es un edificio de los campesinos que fue creado para impulsar la reforma agraria”, agregó. “Los campesinos tienen todo el derecho de defender su institución, es una barbaridad”.

“Ahora los llevan presos, en este momento puede ocurrir cualquier cosa, es un régimen dictatorial”, concluyó el activista.

Obispo argentino afirma que corrupción es la mayor pobreza de nuestro tiempo

BUENOS AIRES, 30 Sep. 09 (ACI).- El Obispo de San Nicolás de los Arroyos, Mons. Héctor Cardelli, llamó a los argentinos a revitalizar la sociedad “con el fermento cristiano” porque la corrupción avanza impune y “es la mayor pobreza de nuestro tiempo”.

Durante la Misa celebrada con motivo de la fiesta de la Virgen del Rosario de San Nicolás, el Prelado advirtió que la corrupción avanza impune e inunda “con su avasallante permisividad en los ámbitos de los adultos, mayores, niños y niñas”, que son víctimas de la prostitución, pornografía, pobreza, explotación y violencia.

Mons. Cardelli señaló que se trata de “la mayor pobreza de nuestro tiempo, pues no reconoce la presencia del misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre”. Por ello dijo que es necesario “revitalizar las células base de nuestra sociedad con el fermento cristiano”, sobre todo en los ámbitos del matrimonio y la familia, “que son el patrimonio de la humanidad y que constituyen el tesoro más importante de nuestro pueblo”.

Ante los cientos de miles de fieles venidos de diversas partes de Argentina y del extranjero, el Obispo llamó a sacudir la indiferencia, “revisar nuestros valores y ver qué es lo importante para nosotros en nuestra vida, aunar los esfuerzos y convertirnos en redes solidarias para dar respuestas a tanto clamor, despertar de un letargo paralizante que bloquea el decolaje para apuntar a las alturas que nos despegan de las somnolencias culpables y cómodas”.

Finalmente, invitó a “renovar nuestra adhesión a Jesús y volver a retomar la fuerza de su levadura, de su sal y de su luz, para que el mundo retome el cauce que lleva a la vida eterna”.

Obispos de Brasil condenan asesinato de joven sacerdote

BRASILIA, 29 Sep. 09 (ACI).- La Conferencia Nacional de Obispos Católicos de Brasil (CNBB) lamentó y rechazó el homicidio del P. Evaldo Martiol, de 33 años de edad, quien fue asesinado el pasado sábado 26 de septiembre. Este presbítero pertenecía a la diócesis de Caçador, en el estado sureño de Santa Catarina.

En su camino de regreso a casa, el P. Martiol fue abaleado por un joven de 21 años el sobrino de éste de 15, quienes primero le robaron y luego le dispararon tres veces. El domingo los asesinos fueron capturados y confesaron su crimen.

El Obispo de Caçador, Mons. Luis Carlos Eccel, comentó el día de los funerales, visiblemente emocionado, que “la Catedral estaba abarrotada, las personas muy emocionadas porque el Padre Evaldo era un hijo querido que vivía de hacer amistados con todos. Su modo de evangelizar era a través de la amistad”.

El Prelado dijo además que la Iglesia perdona a los asesinos y que esta muerte puede ser comprendida como “un martirio para el mundo entero, por el Año Sacerdotal”, agrega la nota de la CNBB.

El P. Martiol había sido ordenado sacerdote el 26 de abril de 2003 y sirvió en las Parroquias de Friburgo, Salto Veloso y en la Catedral, Parroquia São Francisco de Assis de Caçador.

Este sacerdote es el tercero que es asesinado en el lapso de tres meses. El primero fue el P. Gisley Gomes Azevedo el pasado 15 de junio en Brasilia y el segundo fue el misionero italiano Ruggero Ruvoletto, en Manaos.

Tomado de Radar de Página 12. Semanario Universidad 30/09/2009-

Enfoque a La vida loca

El asesinato el 2 de setiembre de este año del periodista hispano-francés nacido en Argelia, Christian Poveda, en El Salvador, conmueve e impacta diversas áreas desde el periodismo, el cine documental, hasta lo político, social y económico.

Christian tuvo una larga carrera como fotoperiodista en diversos puntos de conflicto de la sociedad contemporánea y sus trabajos se publicaron en algunas de las mejores revistas del mundo.
El documental La vida loca, que había finalizado el año pasado, acerca de las maras en El Salvador, lo llevó a involucrarse directamente con esos grupos e incluso a fijar su residencia en ese país centroamericano.

Pero un intento suyo por tratar de promover la paz entre las pandillas mayores la Salvatrucha y la 18, lo llevó a involucrarse demasiado. No están claros los motivos de su asesinato, pero sobre lo que no cabe duda es sobre la excelente calidad de su trabajo y su profundo compromiso ético por buscar que estos jóvenes y muchos, demasiados, en el mundo tuvieran una mejor opción de vida.

Reproducimos aquí un comentario de Ángel Berlanga de la revista Radar del diario argentino Página 12, acerca del documental.

Cada tanto el documental funde a negro y se escuchan tres tiros secos, fuertes, cerca. Cuando la imagen vuelve a traer alguna luz, enseguida se sabe que alguien fue asesinado. En el film los cadáveres aparecen contra un cordón, dentro de un ataúd, sobre la mesada de azulejos blancos de una morgue. En un pasillo: el cuerpo desarticulado sobre el piso mojado, los guantes de látex inspeccionándolo, el ángulo de la cámara que cambia y permite ver que lo húmedo en el suelo era sangre, el oficio de un forense para meter en una bolsa de plástico al muerto, los dos hombres que lo cargan y lo llevan por el pasillo de un barrio popular hasta desembocar en un claro, la caja descubierta de la camioneta del Instituto de Medicina Legal a la que suben el bulto, los curiosos que miran cómo el vehículo arranca y se va. “No le dijeron nadita –cuenta un almacenero tras las rejas de su negocio–. El Cuyo estaba sentado ahí y le tiraron a un metro y medio de distancia.”
Esto es colonia La Campanera, Soyapango, afueras de San Salvador, territorio de la Mara 18: ahí estuvo yendo a diario, durante 16 meses, el fotógrafo y documentalista Christian Poveda. Tras cuatro años de trabajo, enraizados en las coberturas que había hecho en los ’80 de la guerra en El Salvador, tuvo lista La vida loca, una película que enfoca en el costado humano de los miembros de una de las pandillas más implacables del país. Poveda mostró el documental en festivales y encuentros culturales pero no alcanzó a ver el estreno en salas de cine: el 2 de septiembre pasado los tiros fueron para él. Su cuerpo apareció al costado de un camino de tierra, cerca de donde había trabajado. Todavía no se sabe por qué lo mataron.

EN ESO ESTOY TRABAJANDO
A comienzos de los ’80, como consecuencia de la guerra civil entre las fuerzas armadas gubernamentales y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, unos 200.000 salvadoreños se refugiaron en Estados Unidos, la mayoría en Los Angeles. “Cayeron en barrios de pandillas chicanas, bastante tradicionales ahí –relataba Poveda–. Y muchos ex integrantes de los escuadrones de la muerte y desertores del ejército y la guerrilla salvadoreños, gente con experiencia militar, se organizaron e hicieron una pandilla, en principio para defenderse. Y poco a poco se convirtieron, allí mismo, en una de las principales. Con los años hubo una pelea entre dos jefes por una mujer: terminaron matándose, los dos. Y entonces se dividieron: quedó la Mara Salvatrucha y hubo un sector que se salió e integra una pandilla chiquita, chicana, que estaba moribunda, y la reactivan. Como estaba localizada en la calle 18 de Los Angeles se llamó así. En 1992, cuando la guerra terminó, Estados Unidos facilitó el regreso de los salvadoreños poniendo a disposición aviones y dinero, pero además abrieron las cárceles y mandaron de vuelta a los jóvenes que estaban presos. Nunca hubo pandillas en El Salvador, pero los que volvieron reconstituyeron las maras y la guerra que llevan entre ellas. Recogieron, además, muchos huérfanos de la guerra. Hoy son unos 15.000, tienen entre 12 y 25 años y siembran el terror en el país.”
En Honduras los mareros son 35.000; en Guatemala, 15.000; en México, 5000; en Estados Unidos, unos 60.000.
La población de El Salvador es de 5.744.000 habitantes. Cada día se cometen diez homicidios: es el país más densamente poblado de América latina y uno de los más violentos. Cada día mueren, en enfrentamientos, cinco mareros. Poveda entrevistó y retrató a 190 antes de escoger a quiénes seguirían para el documental: el 70 por ciento eran huérfanos de un padre o de los dos. Los abandonan, se van a trabajar a Estados Unidos, los dejan con abuelos o tíos. “Ellos se consideran guerreros de una tribu –contó en una entrevista que dio a conocer esta semana Radio Educación de México–. Los que no pertenecen a las pandillas son ‘civiles’. Tienen organizaciones muy estrictas, con reglas muy fijas: el que se aparta se la juega. No le dan valor a la vida: lo única cosa es sobrevivir el día a día y pelear para la pandilla. La gran mayoría no pasa de los 20. Los más viejos son los que van a la cárcel.”
“No creo en esa frase bien gringa que dice born to kill, nacido para matar –seguía Poveda–. Un niño no nace para matar: hay circunstancias que lo llevan a eso. Hay algo grave en esta sociedad, porque no son casos aislados: hay miles y miles. Es un problema que hay que resolver social y políticamente, con perspectivas sobre la relación que puede tener un estado con su juventud, así sean delincuentes. La represión, se ha mostrado, ha fracasado en el mundo entero.” Luego de muchos años de gobiernos de derecha, en junio pasado asumió la presidencia Mauricio Funes, del FMLN: Poveda se reunió con él. “Le dije: ‘Mira, las reformas, la prevención, la rehabilitación, están bien. Pero si tú no logras una paz entre estas dos pandillas, todo tu trabajo se va a ir para abajo. Han tenido una guerra que duró doce años y terminó con un acuerdo de paz; hoy tienen otra guerra, que tendrá que terminar con otro acuerdo’. Y bueno, en eso estoy trabajando.”

UNA PANADERIA
Los motivos de la muerte de Poveda quizás los explique el propio documental que Poveda concibió, como él decía, como una denuncia. A partir del seguimiento de un puñado de mareros cuya confianza se ganó, Poveda hace un fresco social, muestra un estado de situación. ¿Por qué matan, por qué los matan? Es la película como un todo lo que acerca una respuesta: el desamparo, la miseria, el resentimiento y el constituirse en la violencia, por una parte, parecen encontrar refugio en la identidad y la pertenencia a la pandilla, el ámbito donde también tienen lo afectivo; pero, a la vez, el robustecimiento de eso agranda las distancias respecto de las instituciones y el estado de derecho, lo que sería la vida normal. Para poder registrar lo que registró, Poveda hizo un trabajo excepcional, gigantesco, que sólo podría conseguir involucrándose a largo plazo. Pudo, así, reflejar situaciones muy significativas y de gran intimidad: un cumpleaños con strip tease incluido y fumata colectiva –pibes de 13, 15 años, drogándose frenéticos–; una chica que rastrea a la madre que la abandonó; otra que hace interminables consultas en hospitales y consultorios para colocarse un ojo artificial; el responso de un pastor evangelista en un funeral; la despedida al Cuyo a cargo de otro adolescente de mirada durísima que dice, ahí: “Qué bonito es reunir los ojos para vacilar, perro. Pero hoy tenemos que estar en la frecuencia, perro. Si estás velando un hombre duele, perro. No tenemos que estar confiando en ninguna parte, perro. Que esta guerra todavía no tiene fin, perro. Una guerra nunca se puede ganar de un día para el otro, perro. Siempre vamos a perder elementos, pero ustedes saben que aquí la 18 siempre sigue para adelante, perro”. Y luego todos, a coro: “Siento que es duro cuando un amigo se vaaaa, y su alma camina hacia la eternidaaaaad”.
Poveda muestra, también, los chirridos que los mareros producen en cada cárcel, instancia judicial, allanamiento o arenga de la policía, trámite administrativo, atención médica. La dificultad de acoplar los bordes de ambas vidas. El documental sigue la evolución de los intentos: Erik, por ejemplo, está en un correccional y visita a una jueza que sistemáticamente lo interroga, observa que ni él ni su madre hacen alguna movida para salir de la órbita de la Mara y ordena seguir con la reclusión y un nuevo encuentro para dentro de tres meses. Otro intento es el de una panadería organizada por un ex pandillero que estuvo en la cárcel: los protagonistas del documental trabajaron en algún momento allí. Pero un día al panadero jefe se lo llevaron preso, acusado de homicidio. Seis meses duró la cosa, contó Poveda, que atribuyó el fracaso a los mareros y a la policía por partes iguales: cuando salían a vender, los detenían. En tres semanas la dotación de panaderos se redujo a la mitad, y los otros se fueron cansando. “Yo me interesé en La Campanera porque estaba este taller, porque simbólicamente el pan es la vida –contó el documentalista–. Para ver si les daba alguna posibilidad. Pero ahí sólo hubo represión y represión. El comisionado de la región me dijo que tenía órdenes de arrestarlos apenas los viera. Puedo asegurar que no hay ninguna voluntad política: la panadería no interesaba.”

EL PERSONAJE PRINCIPAL
Poveda llegó a El Salvador en 1980 con unas cámaras que le había comprado a Sebastiao Salgado y el objetivo de hacer fotos para Time Magazine: tiempos de matanzas diarias. Anduvo con Monseñor Romero hasta dos días antes de su asesinato. Era un maestro del fotoperiodismo a nivel mundial y su muerte conmocionó especialmente a su ámbito. Cubrió conflictos en Sahara Occidental, Sierra Leona, Camboya, Filipinas, Perú, Nicaragua, Guatemala, Irán, Irak. Nació en 1955 en Argel, mientras todavía era colonia francesa, y se crió en París, pero se consideraba español: sus padres eran refugiados políticos del franquismo. A fines de los ’60 se involucró en movimientos de izquierda y organizaciones estudiantiles, sobre todo en una asociación que se oponía a la guerra de Vietnam. Cuando vio las fotos de Larry Burrows y Don McCullin se apasionó con el oficio y entendió que eran una herramienta de denuncia social; en muchas entrevistas dijo que ese sesgo, el militante, motorizaba más su trabajo que lo eminentemente artístico. Las imágenes que consiguió a lo largo de su vida se publicaron en los principales diarios y revistas del mundo. En 2004 se instaló en El Salvador: vivía allí desde entonces.
Una semana después de su asesinato fueron detenidos cinco pandilleros de la Mara 18 y un policía. Circularon un par de versiones casi ridículas acerca de hipotéticos móviles del crimen: que se hizo correr la voz de que Poveda pasó información a las fuerzas de seguridad; que alguien se enojó por la venta de copias truchas del documental en El Salvador. Su hermana y su madre viajaron desde Alicante para el funeral y volvieron a cruzar el Atlántico con sus cenizas.
Cuando hablaba de su película en Europa advertía sobre la universalidad de este trabajo: “Cuando se margina a una parte de la población surgen estas cosas –mostraba–. En Francia, el 70 por ciento de la delincuencia juvenil proviene de la inmigración, y esto es consecuencia de las malas políticas que se llevan desde hace 40 años. No se ha llegado a lo que pasa en El Salvador, pero la violencia está creciendo mucho. Hasta hace muy poco en Francia no había homicidios por armas de fuego, y son cosas que ahora aparecen en las pandillas. Y esto también va a aparecer en España si no hacen un trabajo político y social de integración. Quizá dentro de 15 o 20 años habrá pandilleros del tipo salvadoreño en Europa”.
Como reportero de guerra a lo largo de tantos años filmó y fotografió a muchos muertos, pero eran desconocidos para él. Con La vida loca, en cambio, se involucró afectivamente. “Estaba con ellos todo los días, filmándolos –le dijo a Sonia Riquer en la entrevista de Radio Educativa–. Estaban ofreciendo sus vidas a la cámara. Y de repente me llamaban porque alguien había muerto y tenía que ir, era el compromiso. Ir a filmar hasta la muerte. Y claro, son imágenes que duelen, mucho.” Durante la filmación hubo siete asesinatos. Tres de los muertos son protagonistas de la película. A los que la vieron, la mayoría de ellos hoy en la cárcel, contó Poveda, les gustó mucho.
“El personaje principal de La vida loca es, casi, la muerte”, dijo Poveda. El documental se estrenará a fin de septiembre en Francia y a fin de octubre en México. Alguien subió, por tramos, una copia a YouTube. No hay fecha todavía para la exhibición oficial en El Salvador.

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