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December 27, 2011 – 7:10 am | No Comment

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Juan Pablo II “El Pontífice viajero”

Submitted by admin on August 23, 2009 – 10:10 amNo Comment

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Uno de los Pontífices más querido en la historia del cristianismo es Su Santidad Juan Pablo II, El Papa Viajero, de quien en nuestro país existe un bello monumento cincelado – en mármol blanco liso de Carrara- por el escultor costarricense, Jorge Jiménez Deredia y que yace en los jardines de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana.

Su biografia:

Juan Pablo II (1920- 2005), papa (1978-2005), el primero no italiano desde 1523. La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) han realzado la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice (Polonia) y estudió Poesía y Teatro en la Universidad de Cracovia. Durante la II Guerra Mundial trabajó en una cantera de piedra y en una fábrica química mientras estudiaba Teología. Ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946, dos años más tarde se doctoró en Filosofía por el Instituto Angelicum de Roma y en Teología por la Universidad Católica de Lublin (su tesis se tituló El acto de fe en la doctrina de san Juan de la Cruz y versó sobre este místico español).

Fue capellán universitario y profesor de Ética en Cracovia y Lublin hasta que, en 1958, resultó nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Su orientación filosófica, muy influida por Max Scheler, integró los métodos e ideas de la fenomenología en la filosofía tomista. En 1960, bajo el seudónimo de Andrzej Jawien, publicó una obra de teatro, La joyería.

Consagrado obispo en 1958, en 1964 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal. Participó de forma muy activa en el Concilio Vaticano II y representó a la Iglesia de su país en cinco sínodos episcopales internacionales celebrados entre 1967 y 1977.

El 16 de octubre de 1978, Karol Wojtyla fue elegido para suceder en el solio pontificio a Juan Pablo I, fallecido el 2 de septiembre de ese mismo año.

El 13 de mayo de 1981, cuando entraba en la plaza de San Pedro del Vaticano, fue víctima de un atentado del que logró recuperarse.IMG_5782

Además de continuar su prolífica obra escrita (en la que deben ser citados sus trabajos Amor responsable y fructífero y Signo de contradicción, ambos títulos publicados en 1979), especial consideración merecen sus encíclicas. La primera de ellas, Redemptor hominis (1979), demuestra la conexión entre la redención de Jesucristo y la dignidad humana. Otras posteriores fueron: Dives in misericordia (1980, acerca del papel de la misericordia en la vida humana), Laborem exercens (1981, sobre el trabajo), Slavorum apostoli (1985, sobre la posición de la Iglesia en Europa Oriental), Dominum et vivificantem (1986, que planteaba las virtudes de la doctrina católica frente a las creencias ateas y materialistas), Redemptoris Mater (1987, que resaltaba el papel de la Virgen María como fuente de unidad cristiana), Sollicitudo rei socialis (1987, acerca de la influencia de los problemas económicos y sociales), Centesimus annus (1991, conmemorando el centenario de la encíclica Rerum novarum de León XIII, que criticaba tanto el marxismo como el liberalismo extremo), Veritatis splendor (1993), Evangelium vitae (1995), Ut unum sint (1995) y Fides et ratio (1998, acerca de las relaciones entre la fe y la razón). Después de revisar el hasta entonces vigente, el 25 de enero de 1983 promulgó el nuevo Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica, que entró en vigor el 27 de noviembre de ese mismo año. Además, el 11 de octubre de 1992 aprobó el nuevo Catecismo de la Iglesia católica.

Juan Pablo II se opuso al proceso de secularización eclesiástica. Redefiniendo las responsabilidades de los laicos, los sacerdotes y las órdenes religiosas, rechazó la ordenación sacerdotal femenina y el nombramiento de sacerdotes para ocupar cargos oficiales o su participación directa en la política. Sus gestiones ecuménicas iniciales se dirigieron más hacia la Iglesia ortodoxa y la Iglesia anglicana que hacia el protestantismo occidental. Influyó en la restauración de la democracia y la libertad religiosa en Europa Oriental, sobre todo en su Polonia natal, y trató de luchar con energía contra los disidentes en el seno de la Iglesia. Reafirmó la posición católica a favor del celibato sacerdotal y contra la homosexualidad, el aborto, los métodos artificiales de reproducción humana y el control de natalidad. A este respecto, en 1994 realizó distintas gestiones junto a musulmanes conservadores para intentar aminorar las declaraciones efectuadas en El Cairo (Egipto) por la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de las Naciones Unidas.

En su obra más conocida, Cruzando el umbral de la esperanza (1994), desarrolló muchas de las posiciones ideológicas que habían caracterizado a su papado.

La inminencia del nuevo milenio implicó una intensa actividad por parte de Juan Pablo II, que manifestó en múltiples ocasiones su deseo de que la Iglesia ingresara “purificada” en aquél. Así, en los meses de julio y agosto de 1999 realizó numerosas e innovadoras definiciones teológicas acerca del cielo (“no es una abstracción ni un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con Dios”), el infierno (“situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios”), del purgatorio (“estado provisional de purificación”) y de Satanás (“vencido definitivamente; Jesús nos ha liberado de su temor”).

La proclamación de 2000 como año del Gran Jubileo estuvo rodeada de algunos de los hechos vitales de su pontificado. El 18 de enero, durante la 33ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, abrió la Puerta Santa de la basílica de San Pablo extramuros junto al metropolitano Atanasio (delegado de Bartolomeo I, patriarca ecuménico de Constantinopla y jefe de la Iglesia ortodoxa) y George Carey (arzobispo de Canterbury y jefe de la Iglesia anglicana), para que a continuación la cruzaran representantes de otras 22 iglesias y ritos cristianos. Este acto, que simbolizaba la reconciliación ecuménica de la comunidad cristiana, culminó con unas palabras de Juan Pablo II pidiendo “perdón a Cristo por todo aquello que en la historia de la Iglesia haya perjudicado su proyecto de unidad”.

El 12 de marzo de ese mismo año celebró un acto litúrgico solemne en la basílica de San Pedro en el cual pidió nuevamente perdón por los pecados cometidos por “los hijos de la Iglesia” en sus 2.000 años de historia; sus claras alusiones a los cismas, a las Cruzadas, a la Inquisición, y a la actitud mantenida hacia el pueblo de Israel, las mujeres y los más desposeídos, fueron seguidas de un ferviente propósito de enmienda. Pocos días antes se había hecho público un documento, Memoria y reconciliación, elaborado por la Comisión Teológica Internacional (presidida por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, hoy SS Benedicto XVI), que anunciaba el cambio de actitud del catolicismo preconizado por el Papa.

Luego de ocho horas de ardua labor se logró colocar el Monumento de SS Juan Pablo Segundo en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana.

Juan Pablo II no dejó en ningún momento de realizar numerosos viajes apostólicos, generalmente a puntos conflictivos de la escena política internacional. En noviembre de 1996 se entrevistó en la Ciudad del Vaticano con el líder cubano Fidel Castro y en diciembre de ese mismo año con el ya citado George Carey, arzobispo de Canterbury. En 1997 visitó Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), la República Checa, Líbano, Polonia, Francia y Brasil. Esta actividad alcanzó tintes históricos entre los días 21 y 25 de enero de 1998, cuando viajó a Cuba (según lo acordado en la antedicha entrevista con Castro) y, en sus distintos mensajes al pueblo de aquel país, incidió en temas tan controvertidos como los derechos humanos, la situación de los exiliados y sus familias, la libertad de educación, la situación de la Iglesia cubana o el que consideró “éticamente inaceptable” bloqueo económico sufrido por la isla. A lo largo del mes de febrero de 2000, Juan Pablo II también realizó dos significativas visitas a Egipto y Tierra Santa. Pese al progresivo deterioro de su salud, continuó su actividad apostólica a través de numerosos viajes, como por ejemplo los que le llevaron en julio y agosto de 2002 a Canadá, Guatemala y México, en el transcurso de los cuales canonizó a Pedro de Bethencourt y a Juan Diego. Falleció 2 de abril del 2005.

La historia:

“El día en que murió Su Santidad, en horas de la noche, recibí una llamada del Alcalde Municipal de San José.,  Ing. Johnny Araya Monge, quien  me propone tallar una escultura de Juan Pablo II para que adorne la ciudad de San José”.

Así resume el escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia la génesis de esta digna oportunidad  de hacer una obra escultórica dedicada al Pontífice viajero “debo confesar que en el momento de la llamada estaba medio dormido pues era cerca de la medianoche y le manifesté que estudiaría el proyecto”.

Para realizar una obra de esta magnitud tuvo que adentrarme a estudiar el mundo y biografía de Karol Wojtyla, a pesar de que ya conocía parte de su gestión pues desde el año 1976 reside en Italia.

Asimismo, tenía la oportunidad de conocerle personalmente merced  de la colocación de la imagen de San Marcelino Champagnat en la parte exterior de la Basílica de San Pedro.

“Yo lo que le dije a los representantes de la Municipalidad de San José y a las autoridades de la Curia Metropolitana fue que podía hacer una escultura en la cual se reconozca que es Juan Pablo II, empero yo no iba a hacer el retrato exacto. Yo voy a esculpir el mundo, la espiritualidad de Su Santidad, porque para mi es más importante describir ese mundo que hizo que el mundo se cambiará…”, agregó.

Interpelado sobre la razón de su filosofía destacó “en este megaproyecto había que cumplir tres puntos base como eran que la estatua se pareciese a Juan Pablo II, que describiría su mundo espiritual y la tercera que se describiera mi mundo artístico y mi mundo como escultor, porque si se negaba uno de los tres aspectos la operación para mi no tenia significado”.

Consultado sobre anécdotas dentro del proceso de cincelado admitió que durante la operación hubo un hombre anciano quien todos los días pasaba frente al taller a mirar la obra. “Cuando ya estaba terminada  me dijo que sentía que caminaba junto a  Juan Pablo II al encuentro del Omnipotente. El día en que empacamos la pieza,  ese señor se conmovió, se santiguó y rezó una plegaria al Señor. Ese fue un bello momento” subrayó

Las   palabras “No tengáis miedo. Cristo esta con vosotros”. “Esta frase caló grandemente en mi y es por ello, que es base y fundamento de gran parte de la obra”, agregó el artista.

Entre tensión y emoción:

El ulular de las sirenas – en las primeras horas del alba del 18 de setiembre del año 2006 – de los motorizados de la Policía Municipal de San José y del Transito anunciaban la llegada del “container” con la frágil pieza de 25.000 kilogramos. Una grúa para 80 toneladas, propiedad del ICE, le esperaba para sopórtala durante una operación que dilataría ocho horas en las que trabajaron funcionarios de la Municipalidad de San José, del Instituto Costarricense de Electricidad, de la Fuerza Pública y de la Marmolería Guidi.

Hubo momentos de tensión, especialmente cuando la imagen al ser colocada de lo horizontal a lo vertical dio un giro de 40 grados no esperado. Luego, con precisión y decisión – bajo la guía del artista – se colocó en un pedestal construido por la Municipalidad de San José.

A su vez, afirmó que una de sus mayores preocupaciones estuvo en la obtención de los gestos, cómo se inclinaba, cómo caminaba. “Si recordamos  a lo largo de su ministerio Juan Pablo II  señalo que siempre tenia que estar Cristo primero en cada uno de sus pasos. Y,  por ello, es que el Pontífice siempre tenía recostada su cabeza en el báculo que lleva el Cristo. Esa señal de humildad está de manifiesto en esta obra”, finalizó.

La inauguración:

Santa Eucaristía: 30 de setiembre del 2006. El acto civil fue precedido por la Santa Eucaristía presidida por Mons. Hugo Barrantes Ureña, VI Arzobispo Metropolitano; Mons. José Rafael Barquero, Obispo de la Diócesis de Alajuela y Mons. Oswaldo Padilla, Nuncio Apostólico de la Santa Sede en Costa Rica quienes fueron acompañados por decenas de sacerdotes y seminaristas así como de cientos de feligreses que portaban fotos de Juan Pablo II, banderas de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana; carteles con lemas alusivos a Pontífice fallecido.

La homilía se fundamentó en la vida del Cardenal Wojtyla y su obra. “Su dimensión humana es un rasgo que se fijó en nuestra memoria en su condición de hermano caminando entre sus hermanos. Quien se acerque a su monumento tendrá de inmediato la impresión de estar delante de un ser humano, de un hermano que vino a consolar a sus hermanos”, puntualizó el Arzobispo de San José.

Acto civil:

Un lienzo blanco cubría la parte frontal de la escultura. El mandatario Oscar Arias Sánchez, el Alcalde Municipal de San José y las autoridades eclesiales rigieron el acto.  Centenas de feligreses esperaban con ansiedad para ver la revelación de la obra. El escultor señaló su agradecimiento a quienes creen en su trabajo. “Este monumento es un sueño hecho realidad – al instante comenzó a llover torrencialmente – esta es una bendición del cielo”, dijo Jiménez Deredia.

La imagen – según el comunicador Oswaldo Alvarado, funcionario de la Curia Metropolitana- no podía ser bendecida pues aún el extinto Pontífice no es beato ni santo – y es por ello, que la feligresía llegó a la concluyente que la lluvia que dilató treinta minutos era: Bendición del cielo.

La obra:

Los costarricenses en la escultura leen la frase: Levantaos vamos. No tengáis miedo. Cristo esta con vosotros.

La obra muestra aspectos figurativos como es el detalle del rostro; simbólico, pues tiene mucho signo religioso entre los que destacan:

  • El Báculo: Es el símbolo del Pastor que guía las ovejas. Este signo de ministerio pastoral lo utiliza siempre el obispo en su diócesis. El obispo trae el báculo con la curvatura dirigida hacia el pueblo o sea vuelta ante si. El obispo lo utiliza de ordinario en las procesiones, para escuchar la lectura del Evangelio, para hace la homilía, para recibir los votos, pero no para imponer manos.
  • La Mitra: Es el emblema que cubre la cabeza del Pontífice y se interpreta como un símbolo de Santidad: Además, es signo de la presidencia de la comunidad. En este caso de la Iglesia Universal Católica, Apostólica y Romana.
  • Cruz Pectoral: Es la Cruz que trae sobre el pecho. La usa siempre. En la liturgia se debe usar debajo de la casulla, dalmática o capa pluvial.

Y, aparte de ello, se denota identidad propia de la abstracción que hace el artista sobre la obra respetando su estilo en trazos y líneas, curvas y formas.

Adherida a la frase está la abstracción pues al lado derecho del Pontífice tiene una niña a la derecha que va caminando y cuya mano se encuentra con la respectiva de Su Santidad y de esta forma le dice: Vamos. Y, en la parte izquierda se encuentra una mujer reclinada que apoya su cabeza sobre Él y se esta levantando, pues el Pontífice mientras camina esta estimulando a la persona a que se levante y a la niña a que mire hacia el frente. Para Jiménez Deredia, ese era el mundo de Juan Pablo II.

Uno de los aspectos de mayor relevancia dentro de la obra es el Cristo que lleva el báculo es un Jesús no tradicional. “No es un Cristo Crucificado, sino que es un Cristo quien tiene sus brazos levantados. Es un Cristo de Luz, un Cristo que diere esperanza a la humanidad. Es un Jesús que hace un llamado a la integración y la conversión del hombre. Como se puede mirar Él va camino de los cielos”, añadió el tallista.  Cabe destacar que esta obra tiene un marcado acento precolombino, específicamente, en los rostros cuya influencia es totalmente olmeca, en su redondez, ojos rasgados, entre otros.

Un Cristo para la Catedral de Limón:

Decenas y decenas de piezas monumentales y de elementos arquitectónicos en bronce y mármol transitaron desde Carrara y Pietrasanta vía La Specia  hasta el Puerto de Limón, costa atlántica de nuestro país,

Limón – señala Alessandro Paladino en el escrito: Plenitud bajo el cielo Jiménez Deredia y su leyenda – es la ciudad tropical negra, la bahía de América Central, Jorge lo conoce muy bien y no solamente por su puerto y sus actividades de exportación e importación

El terremoto que lo devastó en abril de 1991 no perdonó la Catedral. Se hizo necesario demolerla y construir otra. Con el apoyo del entonces Obispo de esta diócesis, Mons. José Fco. Ulloa, hoy en la Cátedra de Santiago Apóstol en Cartago, una asociación nacional se constituye. Georgina Echeverria, agregada cultural en Paris, toma una parte muy activa en la gestión y la obra le es confiada al arquitecto Raúl Gobbard, encargado de los planos del edificio de la Contraloría General de la República. Se proyecta la colocación de una imagen de Cristo Resucitado y entre doña Georgina y doña Giselle Zamora, esposa del escultor Jiménez, se comunican y convencen al prelado de que el artista profeta para esta magna obra es Jiménez Deredia. Monseñor acepta y se reúnen en diciembre de 1999, allí se aprueba el proyecto.

El arquitecto y el escultor entonces comienzan a bregar en estrecha colaboración, y esto no será un lujo, pues el proyecto presentado por el tallista es complejo y con influencias egipcias. La idea base se funda  en la dinámica del más allá de la muerte y de la resurrección como manifestación de la energía cósmica, factor de la transmutación de la materia. “La idea – señala Jiménez Deredia – de paso al mas allá se brinda por un dispositivo de tres Cristos en bronce, en elevación vertical de 5 metros de alto, cada uno con un desarrollo espacial de 4 metros de ancho; la triple composición ocupa por completo del nuevo edificio detrás del altar,  su elevación triangular retoma la volumetría del conjunto y evoca los motivos ternarios frecuentes en la orfebrería boruca”.

El primer Cristo  está colocado detrás de la pared en un borde hueco, al estilo egipcio; el segundo en relieve separado 20 centímetros del otro y el tercero está proyectado en el espacio, a una distancia de 50 centímetros de la pared.

“Las tres figuras de bronce cubierto de pátima en color café destacan el color gris claro del concreto, en la pared. La primera evoca las tinieblas ( el cuerpo está inserto en el hoyo de la pared); la segunda, penumbra ( surgimiento del perfil) y la tercera, la luz triunfante ( la exaltación de de la presencia volumétrica de Cristo en el espacio). El triple relieve representa de manera muy explicita la transmisión de Cristo, de la muerte a la resurrección, y los signos del tiempo de la transmutación”, agregó el escultor.

Es también un ejemplo de flexibilidad operacional de la mitología  sincrética del artista. El arquitecto Goddard motivado por el fuerte mensaje semiótico del proyecto, se dedicó a resolver los delicados problemas de la integración  del mismo en el centro de la ancha columna que cae verticalmente tras el Altar principal.

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