Alajuelita : La devoción por el Cristo de Ébano
Mynor Esquivel
Sergio Barrantes
En Alajuelita, sector sur de San José, la devoción al Cristo de Esquipulas nació allá por el año de 1818, cuando unos vecinos del pueblo (Ascensión Mora, Cruz Echeverría y Ascensión Ávila) tomando en cuenta que en la localidad no existía capilla ni santo patrono, convinieron hacer venir a un escultor cartaginés para que tallará la primer imagen del Cristo en la casa de Demetrio Lobo.
No se conoce la causa por la que se eligió precisamente este Cristo de ébano, posiblemente los vecinos que la contrataron eran devotos de la misma. Una vez burilada la efigie fue colocada durante la noche en la cerca del lote donde hoy se encuentra el templo. Los vecinos al pasar por el lugar se arrodillaban y pronto se hizo sentir la necesidad de construir una ermita a esta advocación. Esta primera construcción tenia seis varas cuadradas y atraía no solo a los vecinos del lugar, sino también a pobladores de Aserrí, quienes acudían a rezar con mucho fervor.
A partir del año 1845, como lo señala Héctor Zumbado, se estableció en forma oficial la devoción al Santo Cristo de Esquipulas en Alajuelita: “Desde 1845, hasta nuestros días y principalmente el 15 de enero de cada año, millares de cristianos llegan a Alajuelita a pagar promesas o a pedir algún favor…”.
Entre 1836 y 1837, espontáneamente, el pueblo inicio la construcción de una nueva ermita. Ese primer templo fue una construcción de adobes, demolido en tiempos del Padre Garita (1904-1905). De inmediato se emprendió la construcción de una iglesia más amplia, esta tarea la finalizó el Pbro. Enrique Kerns, en el año 1905. Con el tiempo, ese templo sería llamado: Segundo Santuario de Costa Rica en honor el Santo Crucificado de Esquipulas.
La imagen:
En el Santuario de Alajuelita existen dos efigies del Santo Cristo de Esquipulas. La primera data de 1818 y con ella se inició el culto a Esquipulas en esa comunidad, fue tallada por un escultor cartaginés. Actualmente se encuentra en la sacristía del Santuario.
| Primera imagen del Cristo de Ébano que se veneró en Alajuelita |
Es de color claro, tallada en madera, con brazos y piernas flexibles (con goznes) y mide aproximadamente un metro de altura. Sobre su cabeza tiene una corona dorada en forma circular y en la cintura una tela blanca a modo de sudario; esta colocada sobre una cruz verde de madera de casi metro y medio de alto. En realidad esta imagen es poco conocida por los devotos que frecuentan el templo.
La segunda efigie es una escultura guatemalteca traída en 1884 para sustituir a la primera. Es una talla en madera, de aproximadamente dos metros de alto, de color café oscuro con algunas partes de su cuerpo pintadas de rojo imitando sangre. Sobre su cabeza lleva un nimbo de oro en forma de media luna y un manto blanco rodea sus caderas. La imagen descansa sobre una cruz café y todo el conjunto esta colocado en una plataforma especial cerca del Altar Mayor donde permanece todo el año. “En 1884 la Hermosa Imagen Patronal del Cristo Negro de Esquipulas reemplazó al Cristo antiguo. Es una escultura guatemalteca de las más perfectas que existen en el país. La belleza de los detalles escultóricos revela los últimos destellos de la gran escuela de escultura de Guatemala, que tanto lustre dio en toda América en los tiempos del oscurantismo católico, que hasta rivalizó y a veces superó en adelanto y arte a la de Quito, Ecuador. “, señala el comunicador Víctor Monge Gómez.
Festividad y romería:
En este pueblo al Cristo de Esquipulas desde sus inicios se le han atribuido poderes curativos. Su devoción giró principalmente en torno a los días de la Festividad y de la Romería que en su honor empezó a realizarse.
En las primeras décadas del siglo XX, los devotos acostumbraban caminar una parte del trayecto cargando grandes piedras sobre sus cabezas y hombros (al igual que ocurría en el pueblo de Esquipulas en Guatemala), las cuales dejaban a la entrada del pueblo o en los alrededores del templo. Otros llevaban niños alzados durante la peregrinación, ello con la finalidad de que sus ruegos fueran escuchados por el Cristo; unos también lo hacían como acto de penitencia.
En las últimas décadas, la romería fue perdiendo importancia y la costumbre de cargar piedras dejo de practicarse desde los años 50 hasta que completamente despareció.
En los días de la festividad los integrantes de la cofradía del Santo Cristo de Esquipulas venden medallones, oraciones, medidas, crucifijos, entre otros, frente al templo. Además, los devotos aprovechan para tocar la imagen con las décimas adquiridas.
En Alajuelita esta tradición se practica desde principios del siglo XX como se desprende de la siguiente cita de la revista Paginas Ilustradas del 20 de enero de 1907: “Se escucha también…al sacristán de cara compungida que, desde el atrio de la iglesia, ofrece a los devotos cintajos benditos de todos los colores, a diez céntimos la medida, para curar las enfermedades del cuerpo y también las del alma”.
Por lo común, los fieles recorren la nave central del templo a rodillas desde la puerta del mismo hasta el Altar Mayor, donde encuentra, tocan la imagen y piden su intercesión o bien, agradecen por un favor concedido.
La Romería:
La Fiesta del Santo de ébano – en este cantón de la provincia de San José- fue una de las más concurridas en el Valle Central, su atractivo principal radicaba, quizás, en la oportunidad que tenían los asistentes de disfrutar un día de campo en compañía de cientos de familias provenientes de todas las comarcas cercanas tal y como lo relata el escrito de paginas ilustradas de 1907: “ La gente hace paradas en los alrededores de la plaza de Alajuelita y una vez terminada la Eucaristía, cada cual va a almorzar con su familia y amigos”
Usualmente cuando se acercaba la Festividad los núcleos familiares preparaban carreta y comida para el viaje: La noche del 14 de enero era común observar a las mujeres cocinando – en las cercanías del templo – y a los hombres acarreando leña. Mientras que los vecinos de Alajuelita se preparaban con toda pompa para recibir a los peregrinos.
La Festividad:
Según don Alejandro Aguilar – en una entrevista en el espacio Voces de mi Tierra – en Radio Nacional en 1984:
“Las fiestas son hoy, una manifestación más popular, viene menos gente conocida de la ciudad capital (….) En las primeras décadas de este siglo la romería constituía un acontecimiento excepcional para todo el país, a la que acudían todas las familias”.
Con el paso de los años la concurrencia a las Fiestas de Esquipulas ha disminuido, ya no se observa a los devotos llegar desde el día anterior y acampar en el pueblo, tampoco hay celebraciones especiales la víspera de la festividad. La única actividad religiosa que se lleva a cabo en esos días es la Novena a Santo Cristo de Esquipulas, que inicia en seis de Enero con la exposición del Santísimo Sacramento, rezos cantados, rezos de la Novena y bendición eucarística. El 14 de después de la misa, se da la serenata y luego, un majestuoso juego de pólvora.
Actualmente el 15 de enero, el templo se ve frecuentado durante todo el día por cantidad de fieles que ingresan a prender velita, recorrer la nave central de rodillas, tocar la imagen, comprar una décima o bien, llevarle un exvoto. Los Oficiales de la Cofradía del Santo Cristo de Esquipulas venden las reliquias y las velas y hacen “Guardia de Honor “a la sagrada imagen.
Devoción al Cristo Negro
Por Ricardo Ulloa Barrenechea
Alajuelita ha sabido mantener una grata devoción al Santo Cristo de Esquipulas. Ante Él convergen una peregrinación, un templo y una imagen.
Es difícil ofrecer un dato exacto sobre el origen de esta tradición.
Parece que a mediados del siglo XVIII se forma a orillas del río Diriá de la Península de Nicoya una población que en 1821 se erige en parroquia.
Se la llama Santa Cruz por la frondosa veneración a una imagen del Santo Cristo de Esquipulas.
Se propaga esta devoción en todo el país a través, sobre todo, de los franciscanos y, ya en el 1818, los vecinos del pueblo de Alajuelita: Ascensión Mora, Cruz Echeverría, Ascensión Ávila y Joaquín Mora hacen venir de Cartago a un escultor para que talle la primera imagen.
Caso sorprendente. La existencia de una talla sin templo ni capilla. Los entusiastas católicos deciden colocarla simplemente sobre la tierra que hoy ocupa el santuario.
De pronto, los transeúntes se arrodillan frente a ella. Sin gran tardanza los vecinos elevan una ermita de seis varas cuadradas.
Así nació un templo para una imagen. Sin embargo, el Cristo antiguo se reemplaza en el año 1884 por la actual y hermosísima imagen patronal, de escuela guatemalteca, ya de renombre en la imaginería americana y digna rival de la escuela de Quito.
Hacia 1836 – 1837 el pueblo comienza a construir espontáneamente una iglesia.
Temblores y demolición nos enfrentan con el templo definitivo. El primero de enero del 1906 celébrase la primera misa en el nuevo santuario, llamado el segundo de Costa Rica, en honor del Señor Crucificado de Esquipulas.
Nace una tradición
Este primero de enero de 1906 ábrese con solemne procesión. Únanse con regocijo las parroquias vecinas. Las fiestas se prolongan hasta sumarse a las del 15 de enero, y nacen así las tradicionales romerías de Alajuelita.
Ya el 20 de febrero de 1907, se solicita al señor obispo la aceptación de la Cofradía del Santo Cristo de Esquipulas.
La imagen es digna de una romería nacida así de la devoción y la fiesta. Los primeros años de nuestra romería tendrían el color del campo y la fragancia de la juventud. Carretas y caballos. Manteados sobre las maderas iluminadas. La tierra fértil y florecida. El corazón espera siempre del misterio y de la eternidad.
Así, Alajuelita supo engarzar un pueblo con una tierra, con una imagen, con un gozo. Gozo de los muchachos con sus novias sobre los potros inquietos o las carretas sumisas en el camino. Gozo del cielo contemplando en el hombre la semilla de la fe y la creencia.
No en vano en Alajuelita dos Cristos recogen la ciudad hacia sus límites. El de La Cruz que es sólo símbolo. El de la iglesia, moreno como la tierra.
Montes y suelo. Campo y ciudad. Presencia y misterio. Pasado y civilización actuante.
Alajuelita con su paisaje, leyendas, romería y Cristo piadoso, nos sugiere una estampa de frescor, de cielo y de montaña que quisiéramos perpetuar como un tesoro.
No obstante, los pueblos quieren crecer como los niños, por ser ley y destino.
Más sobre la edad madura el hombre entonces recuerda y anhela.
Bien quisiera que entre las montañas y la ciudad algún rincón característico de Alajuelita se perpetuara, para no dañar la mirada de un Cristo acostumbrado al frescor del campo y presencia grata de la tierra.
A las diez de la mañana se realiza la misa mayor con la participación del Arzobispo de San José y el acompañamiento musical de la cimarrona de Ernesto Retana, que en los últimos años se encarga de entonar La Granadera constituyéndose en toda una tradición.
Templo de Alajuelita, Santuario Nacional: Los templos son una parte importantísima del patrimonio cultural y a su vez, enriquecen la herencia arquitectónica de los pueblos. Constituyen dentro de las comunidades la construcción más destacada con características de mucho interés con las que los pobladores se sienten ampliamente identificados.
El caso de Alajuelita es un ejemplo de lo afirmado anteriormente. ¿Quién en Costa Rica ignora la existencia del templo que con el correr de los años sería llamado el Segundo Santuario de Costa Rica en Honor del Señor Crucificado de Esquipulas?
Su edificación es fruto del esfuerzo, del trabajo tesonero y del espíritu religioso y cooperador de las familias que a partir del año 1836 iniciaron tan monumental empresa.
| Una de las más bellas andas existentes en el país la tiene el Santo Cristo de Esquipulas y fue tallada por Rolando Monge basado en el modelo de la Escuela de Ferdinand Stufflesser, la misma lleva oro de 24 quilates. |
La hermosísima iglesia de Alajuelita es una de las más bellas de Latinoamérica no solo por su fachada sino en su interior hay una gran cantidad de maderas sumamente valiosas, con esculturas y ventanales de un valor incalculable.
El Padre Kern: En agosto de 1905 llegó a Alajuelita el Padre Teofilo Enrique Kern quien puso todo su corazón en favor del templo y del culto a la imagen del Santo Cristo de Esquipulas.
De 1908 a 1910 se colocó el cielo raso en el cual se utilizó madera traída de las montañas de San Ignacio de Acosta. Durante cinco días se acarrearon ochenta grandes tucas de cedro amargo, cedro dulce y pochote. Todo el vecindario con el auxilio de otros lugares prestó sus bueyes y en número de 50 yuntas se arrimó la madera bruta al aserradero para prepararla. Las tucas dieron lo suficiente para los camones y formaletas donde había de colocarse la tablilla de pinotea pedida a los Estados Unidos. En los años de 1912 y 1913 se forraron los 24 pilares con magnífica madera de cedro amargo; trabajo efectuado por el señor Arturo Zúñiga y todos quedaron complacidos de la eficiencia de la obra. El Padre Kern contrató, con la importante casa de Enrique Oidtmann de Linnich (Alemania), 30 ventanas de vidrio quemado, las cuales pudieron colocarse en 1922 y que hoy lucen y enaltecen el adorno católico del Santuario. Los ventanales, el Vía Crucis, las esculturas, el órgano, los altares, se dice que son obras que llegaron al país en forma muy especial, gracias al aporte del Padre Kern quien estuvo en Alajuelita de 1905 a 1923.
Las campanas: En octubre de 1924 el Padre Kern hizo venir de la Casa Buckeye Bellfundry cuatro campanas las que se colocaron en la torre del lado derecho. Nombres de ellas: Esquipulas, Josefa, Concepción y Antonia.
Los Altares, Púlpito y Confesionarios: Estas obras fueron pedidas por el Padre Kern a Europa y proceden de la famosa casa de Ferdinand Stuflesser, en el Tirol. Todo esto llegó y se inauguró en 1925. Su riquísima combinación de oro bruñido y oro mate dan un severo y elegante aspecto.
El Vía Crucis: Representa, engastados en marcos de estilo romano, de rica talla dorada, los principales acontecimientos de la Pasión del Señor. Los cuadros de gran tamaño con figuras construidas en la casa de Ferdinand Stuflesser, constituyen el mejor adorno de las paredes interiores del templo.
Decorado interior: El decorado interior del Santuario se inició en marzo de 1926. Fue obra del Presbo. Miguel Chaverri Rojas ejecutada por Salvador Fedullo, de origen italiano, natural de la ciudad de Salerno. Se terminó en octubre de 1926.
Por el valor especial que guarda este Templo, en el año 1907 el Papa Pío X lo declaró Segundo Santuario Nacional, en Honor del Señor Crucificado de Esquipulas. (Tomado del libro Historia Parroquia Santo Cristo de Esquipulas, abril de 1927)
Después del terremoto…años de esfuerzo y lucha
¿Quién en Costa Rica ignora la existencia del templo que con el correr de los años sería llamado el Segundo Santuario de Costa Rica en Honor del Señor Crucificado de Esquipulas? El templo de Alajuelita es el fruto del esfuerzo, del trabajo tesonero y del espíritu religioso y cooperador de las familias que a partir del año 1836 iniciaron tan monumental empresa. La hermosísima iglesia de Alajuelita es una de las más bellas de Latinoamérica no solo por su fachada sino en su interior hay una gran cantidad de maderas sumamente valiosas, con esculturas y ventanales de un valor incalculable.
El Padre Kern: En los detalles del templo podemos observar unos ventanales hermosísimos traídos de Alemania en 1922 de la importante casa de Enrique Oidtmann de Linnich. Los pilares están elaborados a base de maderas preciosas.
En el cielo raso se utilizó madera traída de las montañas de San Ignacio de Acosta. Se dice que se acarrearon en carreta ochenta grandes tucas de cedro amargo, cedro dulce y pochote. Las tucas dieron lo suficiente para elaborar los horcones, cajones y las formaletas donde había de colocarse la tablilla de pinotea pedida a los Estados Unidos. Los ventanales, el Vía Crucis, las esculturas, el órgano, los altares, se dice que son obras de arte que llegaron al país en forma muy especial gracias al aporte del Padre Enrique Kern quien estuvo en Alajuelita de 1905 a 1923.
Después del terremoto
El templo sufrió daños estructurales a raíz de los terremotos que sacudieron a Costa Rica a principios de la década de los noventas. Se restauró casi en su totalidad junto con la casa cural. Poco a poco se ha podido integrar en forma total la armonía del templo con el aporte del pueblo alajueliteño.
El Padre German Rodríguez estuvo al frente de los trabajos de restauración del templo. Él llegó a Alajuelita en febrero de 1991 después de que el Padre Marco Diego Bonilla había iniciado la primera etapa de dicha restauración.
Señala el Padre Rodríguez que el templo quedó muy dañado por el terremoto de Limón. “Con mucho dolor se tuvo que cerrar por orden de la Comisión Nacional de Emergencias durante seis meses. Fue una dura tarea rehabilitarlo de nuevo”.Dice German que en la tarea de restauración hubo distintos criterios. “Algunos pensaban en construir un nuevo edificio. Otros se oponían porque existe un gran cariño por ese Santuario que tiene más de cien años. Se decidió reconstruirlo y buscar quien ayudara a dirigir la obra”.
El Padre Rodríguez junto con Doris Zúñiga de Retana y el Padre Marco Diego salieron a observar un trabajo de reconstrucción que se estaba realizando en la parroquia de Atenas.
“Quedamos muy complacidos de ver aquel trabajo y solicitamos hablar con el ingeniero que dirigía aquella obra. Él nos asesoró de cómo podíamos ir reforzando nuestro templo. Según Rodríguez en toda la obra de restauración se gastaron cerca de 13 millones de colones. “No sé de donde salió ese dinero. Yo vi la generosidad de la gente, su aporte de trabajo, de las colectas hasta con canasto.
Salíamos a recoger dinero a como fuera y el pueblo se identificó con la obra en un esfuerzo enorme por mantener erguido este Santuario Nacional.
Al concluir la Eucaristía se revientan bombas de turno anunciando el inicio de la procesión que recorre las calles principales de la comunidad. La peregrinación es encabezada por la Cruz Alta y los monaguillos con el incienso, seguidos por floristas, niñas vestidas de ángeles, los miembros de la Cofradía, el celebrante, los con-celebrantes, la imagen en una bella anda, la filarmonía y el pueblo.
El Chinchibí: La tradición y la historia popular son parte fundamental para entender a los pueblos. En Alajuelita todos los años, en el mes de enero, se celebra la devoción en honor al Cristo Negro de Esquipulas.
A esta tradición se le añade la del famoso chinchibí. La tradición oral señala que el chinchibí se desarrolla en nuestro pueblo allá por el año de 1930. Hace su aparición en las festividades religiosas y en poco tiempo se convierte en un negocio brillante. Pocos en Alajuelita conocen como inicia esta tradición. José Gómez (q.e.p.d.), campesino de 80 años, vecino de San Josecito, fue uno de los primeros “chinchibiceros” de nuestra tierra. A la edad de 18 años ayudaba al ramonense Ramón González a transportar en carreta los barriles de chinchibí desde Hatillo a las fiestas de Alajuelita.
El chinchibí en Alajuelita: Cuenta don José que Ramón González explotaba comercialmente el chinchibí en las fiestas del Cristo Negro. “Lo traía de Hatillo. En esa época Alajuelita era libre de ventas. Yo trabajé con Ramón y poco a poco le agarré el volado. También mi primo Prudencio “Lencho” Gómez trabajó la bebida pero su producto fue estéril”, dijo. Las fiestas de Alajuelita, señala Gómez, eran hermosas. Las calles de tierra se cubrían de bueyes con carretones y carretas entoldadas. Había ventas en la plaza. Los potreros eran libres. La gente descansaba tranquila a orillas del limpio Tiribí. El negocio del chinchibí se hizo rentable. “Miles de romeros asistían a los festejos patronales y pedían la famosa bebida”.
El chinchibí de don José Gómez: Don José elaboraba su receta a base de lúpulo, harina, jengibre, espíritu de vainilla, todo bien hervido. “Un producto de calidad debe tardar dos horas y media en el barril para ponerse en venta. Quien no lo hiciera de ese modo está trabajando mal la receta”, indicó Gómez quien agrega que hoy nadie trabaja buen chinchibí. Ante la escasez de barriles de madera y la ausencia de lúpulo, es difícil elaborar un buen producto. “El lúpulo no se consigue por ser tan caro. Hoy el chinchibí lo fabrican a base de granulado que se usa para fabricar pan. No le ponen jengibre. Lo hacen con agua cruda. No se cumplen los requisitos para preparar una deliciosa bebida”. En aquel tiempo, señala don José, “nadie me igualó en la fabricación de chinchibí”. “Si yo lo trabajara hoy, pocas personas lo pagarían. Topando con expertos que sepan apreciar la bebida no los podría complacer. Sería demasiado caro tratar con ellos”.
Valor del chinchibí: Cuando José Gómez y Ramón González se iniciaron en su negocio el vaso de chinchibí valía cinco centavos. Luego el precio subió a diez centavos. “Ramón y yo acordamos vender el vaso a diez centavos. Luego me di cuenta que él lo estaba tirando a cinco. Yo me enojé y lo comencé a tirar a tres vasos por diez. Yo quería sacar a Ramón del negocio por incumplir el acuerdo”. Gómez quedó solito en el negocio pues González no aguantó la competencia. Subió el precio en veinticinco centavos. De Alajuelita se traslada a los festejos de San Antonio de Coronado, Desamparados, Plaza González Víquez y otros lugares del país. Así, nuestro cantón se consolida como “La Tierra del Chinchibí”. Por espacio de tres años, en los festejos de Plaza González Víquez, don José hizo famoso su chinchibí. “Allí se vendía el vaso en cincuenta centavos. En quince días se vendían cerca de doce barriles de chicha y chinchibí. La bebida se daba en vaso de vidrio. Luego me obligaron a dar vaso de cartón con pajilla. Yo gastaba más de la cuenta y por eso tuve que retirarme de Plaza Víquez”.
Chicha, guarapo y chinchibí: ¿Don José, cuál es la diferencia entre chicha, guarapo y chinchibí? “La chicha se elabora con caldo de caña molida en el trapiche, “escarchazada”, bien hervida. Se le agrega jamaica y jengibre. Hoy la fabrican con agua cruda, le meten vinagre al barril, le echan harina y dulce de cualquier clase. A eso le llaman chicha. El guarapo es el que se origina de caldo de caña. Se “escarchaza” bien la caña en un trapiche con bueyes. Se hierve en una pila. Luego se enfría y se echa al barril. Así se obtiene un buen guarapo. El chinchibí se fabrica a base de lúpulo, harina, gengibre, espíritu de vainilla, todo bien hervido. Luego se echa bien helado al barril. En dos horas y media está listo para la venta”. Con la tradicional bebida don José ganó dinero, fama y amistades. EL cansancio y su avanzada edad no le permitieron seguir al lado de su bendito chinchibí. “Mi esposa y yo nos cansamos. Ella la pulsió muy duro pues me acompañó más de 40 años en esta lucha. Mi mujer conoce más que nadie la receta y la guarda en secreto”.
¿Cuál es el origen del chinchibí?: Alfonso Gómez, hijo de don José, quien desde niño trabajó la tradicional bebida al lado de sus padres, indicó que el origen del chinchibí puede ser indígena. “Esto es un misterio. Los indios fabricaban buena chicha. Don Ramón González era de San Ramón y desapareció de nuestro pueblo sin revelar el secreto. Sabemos muy bien que Alajuelita será por toda la vida LA TIERRA DEL CHINCHIBÍ. En las fiestas de enero de este cantón es una tradición la venta de una bebida que ha caracterizado a la comunidad: El Chinchiví. Su verdadero origen es desconocido por los pobladores del lugar y según el Dr. Jorge Guier tuvo su cuna en la ciudad de Cartago hace más de un siglo.
“Al parecer, el norteamericano Henry Guier, instaló – en Cartago – una farmacia y al lado de está, puso a funcionar la primer fábrica de refrescos gaseosos embotellados. También por entretención preparaba una bebida blanca, espumante, refrescante y de extraño sabor a la que denominaba Ginger Beer. Una de sus sirvientes, una chola que vivía en la Puebla de Los Pardos, mostraba gran curiosidad por la bebida. En vano el norteamericano intentó enseñarle a pronunciar bien su nombre: Ginger Beer, en su lugar la sirviente repetía, una y otra vez: Chinchi-ví; Hasta que el Macho se dio por venido y le dio la recta a la chola, la cual aprendió y luego, ella misma preparó”. (Guier, Jorge. “El Chinchibí nació en Cartago”. La República, 1984)
Esta bebida fue llevada a Alajuelita hace más de medio siglo por Lencho Gómez, vecino de la comunidad, pero su consumo se destinaba a reuniones familiares o de amigos. Años después llegó a este pueblo Ramón González quien empezó a producir barriles de Chinchibí para vender en las Fiestas de Esquipulas. Luego, algunos vecinos aprendieron a prepararlo y transmitieron la receta a sus hijos, conservándose así la tradición de su producción en manos de las familias Mora, Retana, Gómez, Rojas y Fuentes. (Voces de mi tierra en Radio Nacional 1984).
Colaboró con esta información el periodista Víctor Monge Gómez











