Lico Rodríguez, imaginero costarricense del siglo XIX

Por: Fernando González Vásquez
Manuel (Lico) Rodríguez Cruz nació en Alajuela un 2 de agosto de 1833, en el hogar formado por Ceferino Rodríguez Zamora y Mercedes Cruz Chavarría.
Siendo un adolescente su familia se trasladó a residir en la naciente población de San Ramón Nonato a mediados del siglo XIX. Su afición por la pintura y escultura lo convirtieron en un auténtico artista, de quien no se conoce a ciencia cierta quien fue su maestro o sus maestros.
Lico Rodríguez es un referente obligado en la historia del arte costarricense. Entre sus numerosos descendientes, figuran connotadas personas que han destacado en la vida social, política y cultural de Costa Rica y allende nuestras fronteras Así por ejemplo, su hijo Rafael Rodríguez Salas, primer diputado ramonense, su bisnieto Eugenio Rodríguez Vega, exministro de educación, su sobrino nieto el maestro imaginero Manuel María Zúñiga Rodríguez y su sobrino bisnieto el gran escultor Francisco Zúñiga Chavarría, quien residió muchos años en México, país donde alcanzó renombre mundial y donde falleció en 1998, a la edad de 86 años; la recién fallecida pintora Dinorah Bolandi Jiménez, bisnieta, el historiador Vladimir de la Cruz y el escultor Olger Villegas Cruz, solo para citar algunos nombres.
Este artista creó innumerables imágenes religiosas que se encuentran dispersas en los templos católicos del país. En las parroquias de San Ramón y Palmares por ejemplo, tenemos entre otras: una estupenda talla de San Francisco de Asís, Nuestra Señora de las Mercedes, Cristo Resucitado, San Ramón Nonato, Nuestra Señora de la Soledad, San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Jesús Nazareno, San Pedro y San Pablo. Existen en manos de propietarios particulares muchos nacimientos o “pasitos”, los cuales el maestro Rodríguez Cruz realizó por encargo. En una visita de una madre con su hija procedentes de Los Ángeles de San Ramón, con el objeto de encargar un santo, se dice que don Lico conoció a quien sería su esposa: María Salas Álvarez, siendo ella aun muy joven. De su unión nacieron tres hijos: Rafael, quien fuera el primer diputado ramonense, Ester y Perfecta Rodríguez Salas. Se cuenta que sus hijos y nietos le sirvieron de modelos para crear las imágenes religiosas de santos y vírgenes. Curiosamente en San Ramón varios de sus descendientes revelan rasgos físicos que nos rememoran a dichas imágenes: no en vano la genética se perpetúa.
Los grandes dotes del artista se perpetúan a través de la madera policromada con que logró crear imágenes religiosas (y unas cuantas que no lo son) cuya calidad de ejecución, rasgos y acabados nos causan sorpresa y admiración. De hecho, nada tienen que envidiar al arte imaginero de España, Guatemala o Quito. Don Lico es sin duda un precursor de la escultura costarricense y uno de sus más insignes representantes dada la altísima cualidad de sus obras. Sin embargo, su tardío reconocimiento dentro de la historia del arte costarricense se debe, entre otros factores a que, como lo afirma Luis Ferrero: “Por lo general, en Costa Rica, la imaginería ha sido considerada una artesanía y no arte genuino … Se le ha visto como función ancilar, es decir, al servicio del culto cristiano católico. Empero, hay quienes se han percatado de que tales obras representan una manifestación artística de gran valor, aunque sea innominada”. En efecto, los imagineros no acostumbraban firmar sus obras y por eso muchas permanecen sin identificar.
Las manos prodigiosas de don Lico Rodríguez dieron existencia a cientos de tallas religiosas que trabajó, de preferencia, en madera de cedro amargo. Una de las más afamadas es el Cristo Yacente de la Catedral Metropolitana, verdadera obra maestra de la imaginería religiosa. Pero su producción fue muy numerosa como ya se mencionó; desde tallas minúsculas como crucificados y “pasitos”, toda clase de santos y vírgenes, hasta piezas de tamaño natural, procesionales o de uso permanente en las iglesias, tanto talladas en bulto como para vestir.
Un reconocimiento perpetuo a la gran calidad artística de la obra de Lico Rodríguez está consignado en el libro del pintor ramonense Reymundo Méndez Lico Rodríguez escultor de imaginería religiosa (Editorial EUNED. 1997).
Don Lico, como artista y creador vivió en el siglo XIX, cuando San Ramón era apenas una aldea. Es de imaginar las limitaciones de toda índole que tendría para desarrollar su quehacer. Se dice que muchas veces tuvo que elaborar sus propias herramientas y crear los pigmentos para la pintura de las obras.
Lisímaco Chavarría, reconocido poeta, que además incursionó en la talla de madera, escribió como homenaje póstumo a su maestro:
“La muerte y el silencio osaron echar sobre su cuerpo y sobre su memoria el negro sudario del olvido. ¡Inútil afán del silencio y de la muerte, para los consagrados por el divino Apolo! Él dejó obras admirables que perpetúan su nombre en los anales del arte costarriqueño. ” (Páginas Ilustradas, 1907)
Rendimos tributo a la memoria de don Lico Rodríguez no solo para que se aquilate en justa medida su estatura dentro de la historia del arte costarricense, sino principalmente para que las nuevas generaciones de ramonenses conozcan y sientan orgullo por un pionero, que siendo tan solo un adolescente se asentó con su familia en la naciente población y además es un verdadero gigante dentro del ámbito de los creadores nacionales.
Una de sus obras magistrales es el Cristo Yacente en custodia de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana.












