Lily Allen se desnuda (oootra vez)
Todo empieza como acabó, que cantaban Astrud. Me gustan ese tipo de simetrías, guiños tontos con mi propio trabajo. Seinfeld empezaba y terminabas con una conversación sobre botones de camisas y la primera trilogía de La Guerra de las Galaxias rima en asonante con la segunda. Así que pensé que el último post del año debía cerrar el circulo abierto el 4 de enero y volver a hablar sobre Lily Allen. Y el reportaje del último número del Harper’s Bazaar ruso me lo ha puesto en bandeja: Lily Allen en pelotas o-t-r-a-v-e-z.
Ewan McGregor, otro al que durante un tiempo le dio por salir desnudo en todas sus películas, hablaba sobre ello una vez en la difunta revista Arena: basicamente estás completamente desnudo dos veces al día, en la ducha y a la hora de ponerte, o no, el pijama. Con estas palabras, que he resumido de memoria, justificaba los desnudos en el cine. Y tiene razón. Lo que no es normal es taparte con una sabana como hacen en las películas después de hacer el amor. Que en el peor de los casos ¡estás con tu pareja!
El caso es que Lily Allen debe pensar lo mismo y se desnuda a la mínima. Y tanto va el cantaro a la fuente que al final, ver a Lily Allen desnuda te parece completamente normal. Puede que el Mirror la pille en top-less todas las navidades en alguna isla del Caribe pero con tanto reportaje sin ropa en el GQ o la I-D, un pillado de Allen en la cubierta de un yate, ni fu, ni fa. No se entienden, o si, tantos problemas con los kilos. Hace poco la cantante inglesa reconocía tener un desorden por el que se veía más gorda al mirarse al espejo. Sé que en estos casos la opinión de los demás puede importarte poco, pero las pruebas hablan por si solas y podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que Lily Allen está estupenda. Y nosotros, que lo veamos.
Dos conclusiones sobre el año que acaba: Un buen porcentaje de mis posts (muchas veces consecutivos) han sido sobre chicas, principlemente Rihanna, Lady Gaga y la protagonista de este último articulo del año. Las tres han sacado unos discos estupendos, aunque el de Gaga sea una segunda edición, y las tres se han convertido, por derecho propio, en mis grandes esperanzas para la década que sigue. Jóvenes, guapas, con talento y sin ningún problema para exponerse como Dios las trajo al mundo. La segunda conclusion, y quizás más importante, es que nunca, nunca, nunca, cabrees a un fan de Britney Spears. Estáis avisados. Thank you for reading y prospero año nuevo.













