“LA MENDICIDAD: UN PROBLEMA DE LAS VÍCTIMAS Y DE LA SOCIEDAD”
(Pbro. Ronal Vargas- Psic. Juan Félix Castro; Municipalidad de Liberia 15-06-2010)
Leyendo los evangelios siempre me ha impactado que en las parábolas de Jesús casi nunca los personajes tengan nombre propio, excepto en aquella de un tal rico y el mendigo Lázaro, echado a la puerta de su indiferencia: “sólo los perros se le compadecían lamiéndole las llagas” (Lc 16,21)… Bienvenidos los perros que quieran seguir ladrando por el aumento de Lázaros en nuestra ciudad… El año pasado nos cuestionábamos en este mismo recinto municipal y recuerdo que yo planteaba en esa ocasión: “¿Será posible buscar una solución “a la tica” al problema de quienes tienen que sobrevivir deambulando, o el de quienes tienen que asumir el día a día vendiendo lo que haya? El desafío es integrarlos, no garrotearlos”.[1] La valoración anterior me cuestionó seriamente sobre el camino que debemos seguir… para enfrentar un problema “tan antiguo y tan nuevo”, como es la mendicidad”,[2] que, lejos de constituirse como un hecho aislado, forma parte de una patología social asociada a los procesos de discriminación social que acontecen en virtud de las características del Modelo de Desarrollo vigente, cuya naturaleza hace posible el fenómeno de la exclusión social que se empeña en negar oportunidades sociales a no pocos habitantes, en términos de facilitar acceso a procesos educativos, formales e informales, la disponibilidad de salud, vivienda, agua, alimentación, participación política, recreación e incluso el derecho al ocio. Todos constituyen factores que contribuyen al surgimiento de la mendicidad como síntoma social. “Algunos definen la mendicidad como “el arte de conseguir bienes y dinero a cambio de demostrar cuan penosa es nuestra situación”. Yo más bien entiendo la mendicidad como una denuncia a la poca solidaridad que manifiesta una sociedad, donde predomina la injusta repartición de las riquezas y la despreocupación general, ante las víctimas de nuestra indiferencia social”.[3]
El sistema de valores familiares y escolares siempre está sujeto a los valores institucionales y a las expectativas de desarrollo de un pueblo o de un país, desprendiéndose del modelo y las políticas de desarrollo vigentes. En este sentido la mendicidad (tal como la pobreza, las adicciones, las actitudes suicidas, etc,) tiene que ver con el abismo que se produce entre lo que se promete y lo que se puede obtener. O sea, la sociedad crea expectativas de TENER que en la realidad gran parte de la población no podrá alcanzar; “la mendicidad es producto del abandono social de la inercia de nuestras instituciones que poco o nada hacen por este tipo de población…Esa población se “vende” por unas libras de arroz y políticamente también son convenientes, como lo es también la prostitución infantil de niños y niñas. EL GRAN TEMA POLÍTICO, “LA POSIBLE SOLUCIÓN”, DE ALLI NO SE PASA. Hasta que vengan otros cuatro años de campaña para resaltar el tema. Los albergues se constituyen a mi criterio en una arma de doble filo y la familia como tal, la biológica, afectiva o como se le llame, es la llave para solucionar este tipo de problema…luchamos contra los intereses de muchos, contra la noticia que más se vende y ésta no lo es… En los albergues los niños son agredidos, humillados, se les recuerda a cada instante de dónde vienen, o se les pregunta ¿dónde se encuentran sus padres, porqué los dejaron en abandono? El cierre de los mismos en este cantón fue el resultado de una investigación del Juzgado de Familia y se comprobaron abusos sexuales, maltrato físico y otros. La educación, el amparo, la calidez de un abrazo, el saber esta gente que tiene un lugar donde recurrir, donde tener su comida segura y un techo para dormir, pero sin institucionalizar, a mi juicio, es la clave, el remedio momentáneo. Trabajar desde la base, la familia, trabajarla, intervenirla, modificarla, inculcarle valores con intervención de las instituciones que deben combatir el problema a nivel periférico, pero coordinadas, pienso, puede ser la solución”.[4]
En el caso de la mendicidad la persona que la padece generalmente viene de procesos que han socavado su voluntad, por lo que han perdido la capacidad de emprendimiento, entereza o perseverancia. Dichos procesos están relacionados con valores adquiridos que no dejan de tener parentesco con las dinámicas de exclusión que legitima el modelo de desarrollo. Cuanto más fragmentada esté la sociedad, menor posibilidad de acompañamiento tiene una familia o un sujeto. ¿Por qué la mendicidad no era un serio problema de la Liberia del siglo pasado como sí lo es hoy, que tenemos el boom turístico, inmobiliario y comercial? Me parece que estamos de acuerdo en que la mendicidad también se nutre de la descomposición y el continuo desmantelamiento del tejido social, que obstaculiza e impide el acompañamiento entre clases sociales, sectores y gremios, excluyendo a no pocos de esos ideales que llamamos bienestar, progreso y desarrollo del siglo XXI. “Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”.[5]
Por eso, abordar opciones para evitar la mendicidad, pasa por la necesidad de reconstruir valores que conecten lo que se tiene con lo que se puede, en relación con las oportunidades sociales. Esto a nivel de tratamiento de casos y a nivel estructural, buscaría propiciar condiciones de equidad, cambiando o modificando el modelo de desarrollo para que sea más inclusivo, solidario y equitativo, de manera que ayude a reconstruir el tejido social. Como se ve, un abordaje integral de la mendicidad incluye no sólo el plano individual (donde generalmente centramos nuestras discusiones) sino y fundamentalmente la dimensión estructural, para enfrentarnos conscientemente todas y todos, personal e institucionalmente, contra esa exitosa fábrica de miseria y mendicidad que nos rodea.
Finalmente, quiero insistir en algunas sugerencias concretas (algunas las apunté el año pasado), sin desconocer en lo más mínimo lo antes expuesto, valorando la posibilidad de:
- Mejorar la oferta de empleo en el cantón y una atractiva bolsa de empleo municipal
- Políticas municipales (oficina de la Mujer y área de asuntos sociales), escolar (MEP y Universidades), religiosa (las iglesias) y del PANI integradas, dando prioridad a la atención familiar, visitas domiciliarias, consejería matrimonial, asistencia psicológica gratuita, servicios jurídicos de apoyo familiar, etc.
- Replantear y transformar la atención que dan los Albergues que existan y apoyar la creación de nuevos albergues (con criterios de atención integral y no de castigo ni abuso) para niños y mujeres de la calle, alcohólicos, drogadictos, migrantes de paso… La responsabilidad social de las empresas (RSE) presentes en el Cantón, especialmente Península Papagayo (que le debe tanto a Liberia), deben identificarse con su atención.
- Crear una “RED de lucha permanente contra la pobreza que denigra”, presidida por el IMAS y en la que no pueden faltar el PANI, la Municipalidad, el Consulado de Nicaragua, el MEP, las iglesias, la empresa privada y todas las ONG´s de ayuda social presentes en el cantón. La Municipalidad y las instituciones estatales deben darle seguimiento y presupuesto a los planteamientos políticos (no politiqueros u oportunistas) de esta Red.
- Buscar financiamiento desde el Municipio y la empresa privada para acompañar experiencias exitosas como el programa de “Huertas familiares” que realizó la Pastoral Social en el precario de Martina Bustos a inicios del 2009 u otras experiencias de reciclaje o de cursos del INA dirigidos a los habitantes de precarios liberianos.
- Apoyar al Consulado de Nicaragua, el registro Civil y la Pastoral Social para acelerar trámites de inscripción de apátridas, migrantes y otras personas sin documentos que deambulan entre nosotros y son explotados en las haciendas, en los monocultivos o en las construcciones…
- Gestionar directamente desde el Municipio con Gobiernos amigos y solidarios en la lucha contra la pobreza, para que financien algunos nuevos programas sociales que en sus países hayan sido efectivos para enfrentar la mendicidad y la pobreza, tales como China, Brasil, Venezuela y otros.
- Incentivar en el Comité Cantonal de Deportes el entusiasmo por realizar más actividades competitivas y recreativas en los barrios y promover un estado óptimo de las instalaciones deportivas y recreativas del Cantón (¿y la piscina pública?). Exigir actividades deportivas para la aprobación de permisos de festejos populares y comunales.
- Publicar el Decreto contra el consumo de bebidas alcohólicas en las vías públicas, tal como lo hizo la Municipalidad de Palmares de Alajuela [6]
“El pueblo que olvida sus raíces y descuida a sus ancianos y a sus niños, permitiendo que deambulen sin rumbo por sus calles, no merece llamarse PUEBLO”.
1 GARITA, Nora; título del artículo con el mismo nombre, en el periódico nacional Diario Extra, suplemento “Página abierta” http://www.diarioextra.com/2009/octubre/20/opinion11.php
2 VARGAS, Ronal; ¿Cómo enfrentar la mendicidad en nuestra ciudad?; Periódico El Chorotega, noviembre 2009, pág. 5. O en http://www.elpais.cr/articulos.php?id=15189
3 IBID
4 ARAYA PINEDA Ilce, Licenciada y Jueza de Familia en los tribunales de Liberia.; Comentarios en la clase de “Derecho de Familia” sobre la Mendicidad; USJ, Liberia, 24-10-2009 miro59@hotmail.es
5 CELAM, Conferencia Episcopal Latinoamericana, Documento de APARECIDA, Río de Janeiro 2007, n. 65.
6 Consejo Municipal de Palmares, Sesión ordinaria #164, del 22 de julio de 2009, LA GACETA…













