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December 27, 2011 – 7:10 am | No Comment

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Qué esperar a 100 días de gobierno

Submitted by Mynor on June 24, 2010 – 7:01 pmNo Comment
Gustavo Adolfo Araya / Politologo / Informe-C
Sinceramente no hay forma de esperar a que lleguen los 100 días de la actual administración y abstenerse de opinar, pues la coyuntura actual obliga a adelantarse. Cada vez que lo pienso recuerdo a mi papá salir los primeros días del mes de enero de cada año para ver “las pintas”, seguro de prever el clima durante el año, según lo observado cada día. Aunque este gobierno parece haber “pintado” en los primeros días, lo que será para los primeros tres meses (100 días), no necesariamente esto aplica para lo que será el cuatrienio. Sin embargo, algunos yéndose sólo con “la pinta”, han querido tomar ventaja, pese a que deberían mostrar una relativa mayor tranquilidad, medir sus pasos, para no parecer que sus ansias de poder pueden más que cualquier sesuda estrategia.

Lo primero que, me parece, debe de hacerse al analizar al presente gobierno de doña Laura Chinchilla, es considerar al menos dos niveles básicos, pudiendo agregarse otros más obviamente, primero por el fondo, luego por la forma:

a) EL FONDO: Quienes creían que “los Arias” y doña Laura Chinchilla “son” o “eran” lo mismo, sean todas y todos muy bienvenidos a la realidad política, pues ni antes ni ahora, hay indicio alguno que sustente tal observación, todo lo contrario. Precisamente, uno de los elementos que hacen notar que NO hay continuismo es la evidente ausencia de una agenda desde el Ejecutivo, de lo contrario se estaría en presencia del mismo planteamiento que el gobierno anterior en materia social (si es que la hubo), en economía, en política agraria, en relaciones exteriores (donde ahora hay un Ingeniero ambientalista y no un diplomático de carrera que colaboraba con la agenda de don Óscar en el concierto de las naciones, cuya salida puede ajustarse a factores técnicos, pero cuya permanencia hasta el mismo ex presidente Arias reclamó que no se luchara…). Esta ausencia, se evidencia además en que el escenario escogido para desarrollarla ha sido en la Asamblea Legislativa, curiosamente y no desde el Ejecutivo, que fue quien ganó las elecciones y cuyas ideas se supone cuentan con el aval popular. En fin. Me parece aún no hay un derrotero claro por ejemplo hacia dónde vamos en materia arancelaria, en política fiscal y monetaria, en relaciones exteriores, en infraestructura, en materia ambiental. Temas como el social (en general, y no sólo en Red de Cuido), Educación y Salud, pues ahí sí considero que puede haber cierta continuidad, pero más dada por el jerarca, que por la estrategia de conjunto, articulada desde y por Casa Presidencial.
Por otro lado, también existe una relativa indefinición de la estrategia país, me parece a mí, producto en lo esencial por la lucha de la fracción del poder que ahora lo detenta, en contraposición a la que venía haciéndolo, al menos por los últimos cuatro o seis años. El que no haya una constatación y una clara delimitación de las acciones de gobierno de cara al próximo cuatrienio, deja ver de alguna manera que podría ser que la relación de poder acerca de quién gobierna (en el sentido poulantziano) no está aún definido.

b) LA FORMA: Aquí entran en juego en especial dos actores: la señora Chinchilla quien tiene una particular forma de ejercer el poder, por consenso, de manera conciliadora; y por otro, don Marco Vargas, pacífico, sin grandes ademanes, muy diplomático, comedido y sobre todo esencialmente administrador, pero no, al parecer, vehemente y de alguna forma tajante. Como todo en política esto tiene sus pro y sus contra. Lo primero, es que todo ello ha permitido a la actual administración diferenciarse de su antecesor (algo muy laureado en los medios, incluso antes que llegara el 8 de mayo) y generar, por otro lado, relativamente menos fricción con los grupos y personas con las que tiene relación. En lo segundo – y precisamente por no ser igual que el gobierno pasado – puede estar creando la idea de ausencia de liderazgo, aspecto que a la postre puede ser mal interpretado y dar pie a otros para querer “llenar” esos supuestos vacíos. Aquí, personalmente, es donde encuentro explicación a algunas acciones como las de Fernando Sánchez, queriendo generar en torno a sí algún tipo de legitimidad. Pero también, puede permitir condiciones en las que, a falta de una línea dura y tajante, se dan exabruptos como el “aumentazo” y situaciones como las de la señora Viviana Martin, quien no entendió el mensaje de la Presidenta de “pasar la página” y por el contrario continuó, no sólo dando declaraciones, sino tratando de esquivar su responsabilidad, al declarar hasta el cansancio que el asunto contaba con el aval de la Casa Presidencial y con ello poniendo en peligro la imagen de a quién ella sirve.

Pero, lo que resulta más llamativo y hasta obvio, es que en medio de toda esta situación, y con una clara lectura de ella, haya decidido y hasta “atrevido” a dar un paso contundente en el lanzamiento de su candidatura el señor Rodrigo Arias Sánchez. Claro está que, los aspectos de fondo y forma señalados, le favorecen e incluso él propiciará que esta indefinición y liderazgo de consenso se perpetúen. Lo hará por tres motivos fundamentales que tienen que ver con su figura actualmente:

a) Buscará posicionarse como “el salvador” de las situaciones difíciles, no para cualquier nivel, sino sólo para el de Estadista y como el gran “solucionador”, quien por su propio verbo podría derivarse que se considera a sí mismo como el que tiene “olfato político”, conoce de “prioridades”, tiene una agenda y estrategia para el país.

b) Intentará ser percibido como alguien que está “más allá del bien y del mal”, pues ha asesorado (ha sido buscado o se ha promocionado a sí mismo – eso no lo sabemos) tanto a mandatarios del PUSC, como del PLN (bueno, esta vez no lo dejaron… al parecer).

c) Quiere ser visto como la figura “tan fuerte” que ve a la Presidenta de la República como una “igual” incluso si se quiere, hasta de menor nivel que él, a quien supuestamente le ha llamado “ex compañera de gabinete”. Lo que sucede es que se percata de su ligereza, falta de tacto y hasta irrespeto y finalmente recula.

A toda esta situación interna, dentro del Partido Liberación Nacional y del gobierno, hay que sumar, finalmente, lo que sucede en las otras tiendas políticas. Está claro que, existe un vacío dejado por los líderes de la oposición – todavía preguntándose por qué resultaron vencidos o bien solucionando las fisuras dejadas por la lucha política. Esto lo han hecho más o menos evidente, pero ambos, Movimiento Libertario y Partido Acción Ciudadana, se encuentran en una recomposición, revisionismo y reorganización. Es ahí también donde, por ejemplo, el señor Rodrigo Arias olfateó espacio y ha levantado la voz, para ser él, y no los de otros partidos políticos, quién se constituya en el principal contendor, y por lo tanto, “la oposición” al gobierno actual. No hay otra forma de explicar por qué ha sido, hasta el momento, quien ha lanzado las críticas más fuertes en su contra. Según sus propias declaraciones él tiene la capacidad para limar las asperezas y guiar al trabajo del Ejecutivo con la Asamblea Legislativa, por lo tanto se siente muy cerca de las bancadas contrarias al partido de gobierno. Al menos esa es la idea que quiere crear.

Finalmente, con todo este complicado escenario, yo como ciudadano evaluaré a doña Laura Chinchilla y su administración, no por lo que haya hecho – en cuanto a obra o políticas públicas – sino en cuanto a “acomodo” de la situación. Si ella, al final de estos tres meses, tiene y muestra a la opinión pública una agenda (¡cualquiera! pero una estrategia país definida) y consolida su forma de gobernar, haciéndola ver como factible para dirigir al país, me resultará suficiente para darle la calificación más alta. Siendo sensato, no se puede pedir nada más.

Hasta el momento, me parece, que los obstáculos que ha encontrado, con nombramientos mal realizados, infraestructura defectuosa, incendios provocados por ansias de poder, algunos histrionismos y demás, son suficientes para entorpecer el tratar de acomodarse y dedicarse a lo prioritario. Podría ser que ella sea toda una Estadista, pero no se ha podido lucir, por tener que atender situaciones y personas que se esmeran por hacerla ver como administradora de crisis y quieren verla pronunciándose absolutamente acerca de todo. Incluso sería prudente que rehúya de las distracciones y la llamada “agenda light” que le quita el tiempo, para mostrarla como Presidenta, pero no como Estadista. Todavía de mi parte, tiene el beneficio de la duda.

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