Jimenez Deredia, orgullo costarricense

Jorge Jiménez Martínez (Deredia) nace en la ciudad de Heredia, Costa Rica, en octubre de 1954. Su actividad escultórica toma vida en los años de su adolescencia, cuando oportunamente cuenta con el apoyo de los talleres artísticos del Conservatorio de Castella, ubicado en San José, capital de su país. En dicho período, Deredia talla retratos en trozos de madera y de piedra, pero pronto su atención la captura por un lado, el desarrollo de las formas orgánicas, su crecimiento, sus reacciones al ambiente y a la fuerza de gravedad, y por otro lado, las investigaciones respecto al arte precolombino. Una vez concluídos sus estudios secundarios, además de trabajar como profesor de escultura en el Conservatorio Castella, empieza a visitar con frecuencia, la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica en San José.
En 1976, el gobierno italiano convoca un bando de concurso dirigido a estudiantes extranjeros, para brindar una beca de siete meses con el objetivo de aprender las técnicas de la elaboración del mármol en la ciudad de Carrara, Italia. Deredia participa en el concurso y obtiene la beca, por lo que decide partir para Italia en octubre de ese mismo año, junto con su joven esposa Giselle. Por primera vez tiene la posibilidad de observar personalmente las creaciones de artistas italianos, y se hace presente con regularidad en Florencia y Roma, donde permanece muchísimo tiempo dibujando y estudiando las obras de Bernini, Miguel Ángel Buonarroti y Brunelleschi, entre otros. Concluído el período de la beca y sus estudios en la Escuela del Mármol de Carrara, decide quedarse en Italia para dedicarse totalmente a su pasión: la escultura. Así, inicia un período de intenso trabajo en un país extranjero que acoge al joven escultor que le ofrece la posibilidad de continuar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Carrara, y de aprender las técnicas de la elaboración del mármol y del bronce en los diversos talleres ubicados en la zona. Al finales de ese mismo año y hasta la mitad de los 80, crea una serie de obras de las que emerge un fuerte sentido de malestar, rabia e incertidumbre, manifiesto en sus esculturas por medio de rasgos duros y figuras aullantes. Su propuesta era dejar en su trabajo una huella latinoamericana, plasmado sin embargo en las formas escultóricas bajo el nuevo concepto de la cultura artística occidental. Nacen entonces obras con títulos emblemáticos “Rescatando los últimos elementos del pasado“,”Refugio”, “Tensión”, “Basta”, “El Salvador”… pero particularmente muchas variaciones sobre el tema de la maternidad, el cual se intensifica después de 1978, año del nacimiento de su hijo Esteban. Este motivo clásico de la madre junto al niño, aparece muchas veces en sus obras y representa el desarrollo al tema de la fecundidad y el nacimiento, el cual será afrontado sucesivamente através de formas orgánico-simbólicas como la esfera, el útero, y el seno.
Después de obtener su Licenciatura en Escultura, en la Academia de Bellas Artes de Carrara, del 80 al 86 estudia en la facultad de arquitectura de la Universidad de Florencia. Estos años vividos en Florencia, despiertan estímulos intelectuales que cambian intensamente el aproche de Deredia con respecto a la obra artística; y sumergido en el clima florentino, profundiza en el período renacentista.
Este fervor intelectual lo lleva a meditar profundamente sobre su trabajo, el cual va de la mano con su nueva concepción de la vida. Su intuición de una visión globalizante del Ser con el Universo, se fortalecen gracias a la recuperación de la cultura costarricense, y en particular modo de las esferas precolombinas de los antigua cultura Boruca. Estas misteriosas piezas mueven al escultor hacia estudios que conciernen tanto a la forma como al material utilizado; a la función y la simbología ligada a la esfera y el círculo. La esfera se convierte en “arquetipo” y se enfatiza en los dibujos con tinta china del 1985; la primera Génesis y la nueva fase de cambio se concreta y adopta el nombre artístico de Deredia, contracción de “de – Heredia” (de Heredia), su ciudad natal. Desde entonces y en adelante, resultan bastante claras y definidas las líneas de pensamiento que acompañan la producción artística del escultor. La fase de experimentación que identifica este período, lo lleva a la elaboración de toda una serie de esculturas caracterizadas por elementos que se encajan, por formas negativas y positivas, por partes separadas de un todo unitario. En el 1988 participa a la Bienal de Arte de Venecia, a la que seguirán las ediciones del 1993 y la del 1999.
Durante el período del 1990 al 1993, persigue la reelectura metafórica de los elementos de la cultura precolombina y se dedica a componer naturalezas muertas, esculpiendo obras de mármol gris de Carrara y creando bajorrelieves de ladrillos rojos y aluminio barnizado; pero los vasos, las botellas y los cántaros, colocados sobre una base de apoyo o colgadas a una pared. En el caso de los bajorrelieves, se sexualizan, se estiran, e hinchándose se acercan los unos a los otros, revitalizando la composición que posteriormente Pierre Restany definirá como “Naturaleza Viva”.
En estos años sigue desarrollando una línea de pensamiento que se estabilizará en las “Génesis“ y en las “Imágenes Cósmicas“, obras que representan la suma de todos los elemento y referencias histórico/artísticos que han caracterizado los trabajos anteriores, pero con la conciencia y la sedimentación de un pensamiento, de un aproche casi filosófico con respecto a sus propias obras, unido a una elaboración extraordinaria del mármol y del bronce, que han enriquecido estas esculturas con una solidez renovada.
En 1999, el Vaticano le otorga el premio “Beato Angélico” como reconocimiento a la calidad espiritual que ha manifestado a través de sus obras. A este premio le sigue la solicitud de parte de la Fábrica de San Pedro, para que esculpa la estatua de San Marcelino Champagnat la cual seria colocada dentro de un nicho del transepto izquierdo de la Basílica de San Pedro, diseñado por Miguel Ángel Buonarroti. La estatua de San Marcelino, un mármol blanco de Carrara de 20 toneladas de peso y 5,35 metros de altura, fue develada el 20 de setiembre del 2000, ante la presencia del Papa Juan Pablo II.
Deredia trabaja actualmente en la realización de “La Ruta de la Paz”, un inmenso proyecto que prevee la elaboración de nueve complejos escultóricos de grandes dimensiones, que se articulan a lo largo de todo el continente americano, que inicia en Canadá y concluye en la Tierra del Fuego, Argentina.
En 30 años de actividad, este singular artista ha esculpido en mármol y fundido en bronce, obras monumentales para museos y lugares públicos en 11 países de Europa, Estados Unidos de América y en América Latina. Ha realizado 34 exposiciones personales y ha participado en más de cien colectivas.
Entre las principales ciudades que albergan obras de Deredia están: New York, Miami, París, Monterrey, Londres, Lima, San Salvador, Managua, Murcia, San José, Ciudad de Panamá, Verona, y Caracas, entre otras.












