Luis Ferrero, icono de las letras
DAISY CAAMAÑO SÁENZ

LA PERSONALIDAD del escritor Luis Ferrero-Acosta es bastante conocida en el ámbito literario costarricense e internacional. Bien merecido el estímulo que le otorgó la asociación Max Jiménez Huete, medalla ya pergamino, por su ubérrima labor en pro de la cultura nacional el viernes 3 de junio, a las 7 p.m. en el auditorio de la Plaza de la Justicia.
Luis Ferrero-Acosta es ejemplo vivo de superación personal. Su cultura la ha formado mediante la lectura atenta y cuidadosa. ¡Un lector insaciable! ¡Un secante para asimilarla!
Es digno de admirar cómo este gran autodidacta ha escalado con esfuerzo ay perseverancia altas cumbres literarias en un ambiente cultural atan abstruso y mezquina como el nuestro, pues conocemos y ahondamos más en los escritos foráneos que en los nuestros. Pocos estímulos se les dan a nuestros artistas y autores. Nadie es profeta en su tierra, dice el pasaje bíblico.
La obra escrito por Luis abarca ensayos sobre arte, literatura, folclore, historia, etnografía… Cabe señalar que algunos de sus trabajos han sido traducidos al italiano, inglés alemán y checoslovaco. Asimismo, Ferrero-Acosta ha recibido, en diferentes oportunidades, otros galardones otorgados por entidades culturales costarricenses y extranjeras, por ejemplo el Premio Hoakusai, en Japón, 1962. Sus libros, en la actualidad, son muy importantes y útiles en la orientación del estudiante y del educador costarricense: La escultura en Costa Rica, Costa Rica precolombina, ensayistas costarricenses, Árbol de recuerdos, La clara voz de Joaquín García Monge.
Árbol de recuerdos, autobiografía narrativa con brotes líricos, aún acicatea mi alma de maestra. También nutrió la mente de mis añorados discípulos.
Este ensayista nato, posee otras cualidades humanas relevantes: gran humildad e ingente espíritu de servicio. En forma espontánea y solícita Luis da todo lo que guarda en su cabecita de oro: consultar, ya sean por teléfono a personajes, de datos bibliográficos, temas literarios y hasta préstamos de sus inseparables compañeros que han nutrido su mente: ¡sus añejos e interesantes libros!
Otra faceta de la personalidad de Luis Ferrero-Acosta poco conocida, es su gran habilidad para impartir lecciones frente a una parvulada. Muchas veces fui su alumna cuando ocupé una modesta cátedra de castellano en el Liceo Mauro Fernández Acuña, Tibás, pues fue invitado decenas de veces, por los jóvenes estudiantes de ese centro educativo. Nuestro culto visitante nos atrapaba con sus interesantes y amenas narraciones de leyendas de nuestro terruño o de exposiciones brillantes de temas literarios o históricos o folclóricos o artísticos o etnográficos. Dejó muy bien delineadas, en la mente y corazón de estudiantes, las diferentes facetas de la férrea personalidad del gran maestro de juventudes, Joaquín García Monge. Mediante el dialogo les enseñó a los alumnos a interesarse por los problemas de Costa Rica y a pensar en la solución de los mismos, los inculcó a querer lo que es nuestro, a conocer nuestras costumbres y tradiciones. A cuidar nuestro patrimonio cultural…
Luis sabe también de periodismo, de formatos de periódicos y de aciertos literarios. Esta “ratilla de biblioteca”, como cariñosamente le he llamado siempre, orientó muy bien el Club de Periodismo de los estudiantes del centro educativo donde otrora trabajé. Fueron cinco lecciones de periodismo muy bien aprovechadas.
No creo que nuestro querido Luis no quiera seguir escribiendo por que la gente de nuestra tierruca ya no lee. Es un momento depresivo en el autor, que a desaparecido. Por su vena literaria corre aún un torrente de tesoros que Luis debe investigar y dejar impresos en futuros libros. El escritor tiene gran compromiso con la patria que lo vio hacer y con su pueblo orotinense. Y Luis ama, entrañablemente, a nuestra querida Costa Rica.
No se equivocó García Monge cuando expresó: “…hacen la conciencia nacional, nuestros escritores, nuestros artistas y nuestros maestros”.4
En: La Nación, 9 de junio de l983, p.
Luis Ferrero Acosta nació en Orotina, Alajuela, el 31 de enero de 1930. Hijo de Luis Ferrero Vargas y de Beatriz Acosta Vega.
Hizo sus estudios primarios en la escuela Porfirio Brenes de San José. Los de enseñanza media en el Liceo de Costa Rica, pero quedaron inconclusos porque fue expulsado, debido a que se sublevó contra la opinión de un profesor quien aseguraba no existe una literatura costarricense.
Por estos años suele frecuentar al historiador Ricardo Fernández Guardia, quien lo encariña con el conocimiento del auténtico pasado costarricense. Al mismo tiempo acostumbra visitar diariamente al maestro Joaquín García Monge, quien lo orienta hacia la defensa de la dignidad humana, la justicia civil, y le enseña que sin amor y conocimiento no hay admiración, ni imitación, ni acción. También, solía pasar horas contemplando en su trabajo creativo a sus amigos escultores que lo alientan en su formación y lo ayudan a organizar sus ideas estéticas.
En 1946 empezó a colaborar en periódicos costarricenses: “Últimas Noticias”. “Mujer y Hogar” y “Mundo Femenino” Y a los pocos meses la Agencia Periodística Hispano Americana (APHA) distribuía sus artículos a una cadena de 125 periódicos latinoamericanos. Prontamente colaboraba en “Diario de Costa Rica”, “La Prensa Libre” y las revistas “Costa Rica de ayer y de hoy” y “Brecha”. Y luego, con las revistas “Mujer” y “Cultura” de El Salvador; “La pajarita de papel” (órgano del P.E.N Club de Honduras) y “Tegucigalpa”; “Humanismo” de México; “Litteræ” de Italia y “Además…” del diario “La República” de Costa Rica y el suplemento dominical del periódico “El Nacional” de México y en México co-dirige la revista “Centroamericana”, etc.
En 1951 formó parte del comité que decidió crear la Casa del Artista, tras organizar una gran exposición de arte costarricense para inaugurar el edificio Keith y Ramírez.
El humanista mexicano Alfonso Reyes le sugiere lecturas y cavilaciones que luego cuajarán en libros. De 1951 a 1955, estuvo en México, donde realizó estudios en el célebre Colegio de México. También, en México, cursa estudios de tipografía y artes del libro, lo cual le permitiría, a su regreso a Costa Rica, introducir nuevas técnicas que beneficiarían el proceso editorial.
Al regresar a Costa Rica organizó la primera exposición individual del gran artista Francisco Zúñiga en el Museo Nacional de Costa Rica y ejerció la jefatura del Departamento de Publicaciones del Ministerio de Educación Pública. De su labor editorial se destaca la serie “Clásicos costarricenses” que es la raíz primigenia de la Editorial Costa Rica. Eran ediciones didácticas, y con ellas el maestro Ferrero catalizó la renovación de los programas de literatura costarricense en la segunda enseñanza, ocurrida en los años setentas.
Durante 1969-197l, recorrió todo el territorio de Costa Rica en ardua campaña para recoger fondos indispensables para dotar a las escuelas rurales de una biblioteca básica. Este programa, a la vez, exigiría al ministerio de Educación Pública a crear la Dirección de Bibliotecas Escolares. Organizó junto con un grupo de libreros las primeras ferias del libro.
Entre 1974 a 1979, realizó intensas giras de conferencias en escuelas y colegios para concienciar a los educadores en la urgencia del salvamento arqueológico. En 1977 se le nombró miembro de la Junta Administrativa del Museo Nacional de Costa Rica y asesor del Departamento de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes.
Entre 1979 y 198l fue curador de arte en el Museo de Arte Costarricense -el primero en Costa Rica-. En tal cargo organizó, entre otras, las exposiciones retrospectivas de Juan Rafael Chacón, Luisa González de Sáenz y Ezequiel Jiménez Rojas. Además colaboraba con el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, de la ciudad de Alajuela. En 1981, aceptó el cargo de profesor en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, en la carrera de Diseño Industrial.
Ha viajado por países de Sur América, Estados Unidos de América y Europa, donde ha sido profesor y conferencista. Viajó por Alemania, Noruega, Dinamarca y Suecia, dictando conferencias acerca de la escultura y el pensamiento utópico de la juventud ácrata de principios del siglo 20, reflejado en el ensayo costarricense.
El maestro Luis Ferrero empezó a escribir en 1947. Ha ejercido el periodismo cultural, sobre todo en el suplemento “Áncora” de “La Nación” (1975 a 1985) y en su columna “Pensándolo bien” en el periódico “Al Día” (1993 a 1995). Y hasta el momento (l999), su producción literaria alcanza quizá la más alta cifra en Costa Rica: ha publicado obras relacionadas con la historia del arte, historia literaria, antropología y ensayo. Por su obra tan vasta, ha destacado como uno de los mejores ensayistas costarricenses de la actualidad.
Participó en el Congreso acerca del Mundo Centroamericano de la época de Gonzalo Fernández de Oviedo, en Nicoya, Guanacaste. Asistió al Seminario Taller de Inventario de Bienes Culturales organizado por la UNESCO – OEA y el ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. Fue invitado por el gobierno de la República Federal de Alemania en 1977 para asistir a la exposición internacional Dokumenta 6, en Kassel, y al congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, en Berlín. Y el Consejo de Europa lo distinguió junto con otros críticos latinoamericanos para asistir a la gran exposición “Tendencias de los años veintes”, en Berlín, y para que recorriera dictando conferencias en varias universidades europeas. En 1982 participó como asesor de la serie de documentales, Arte, Historia y Bellezas de Costa Rica que produjo Ricardo J. Méndez Alfaro, guión y dirección de Juan Caviedes F. para el Departamento de Teleformación del Instituto Nacional de Aprendizaje.
En 1991 viajó recorriendo todo el territorio de España. Posteriormente, ha sido invitado a numerosos congresos internacionales, mas no ha podido asistir por motivos de salud, pero casi cotidianamente lo visitan distinguidos intelectuales extranjeros pues en el exterior, el maestro Luis Ferrero es considerado una de las figuras más representativas de la intelectualidad costarricense.












